Translate

Etiquetas


jueves, 19 de enero de 2012

CÓMO APRENDÍ A DEJAR DE PREOCUPARME Y AMAR LAS SUBIDAS DE IMPUESTOS (*)



La medida más llamativa y comentada que recoge el Real Decreto Ley 20/2011 (http://www.boe.es/boe/dias/2011/12/31/pdfs/BOE-A-2011-20638.pdf), es la subida del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas mediante el establecimiento del denominado “Recargo temporal de solidaridad”. El recargo sobre los tipos impositivos ya existentes se ha establecido según la siguiente escala:







El único punto que podría justificar la subida efectuada se centraría en la magnitud del déficit público y en el calendario concreto de pagos de la deuda pública previsto para el año 2012 (http://www.elconfidencial.com/economia/2012/01/10/abril-julio-y-octubre-los-tres-meses-mas-peligrosos-para-el-tesoro-por-sus-vencimientos-90630/), aparte de que la alternativa de subir el IVA se ve entorpecida por las posibles reformas a llevar a cabo en relación al no devengo de IVA por facturas no cobradas y la compensación de deudas de Administraciones Públicas (http://www.cotizalia.com/opinion/valor-anadido/2012/01/11/no-teman-el-iva-es-un-carajal-intocable-a-dia-de-hoy-6487/). La cuestión de la atención del déficit como motivo de peso para subir los impuestos y, en concreto, el IRPF, en vez del IVA, no es baladí: hay que tener en cuenta que los efectos de la subida del IRPF se dejarán notar en la recaudación a partir del momento en que se abonen a la Hacienda Pública las mayores retenciones efectuadas en las nóminas del mes de enero. Si se hubiera subido el IVA, sólo en febrero hubieran liquidado el impuesto las grandes empresas y en abril el resto de obligados por este tributo. Es evidente que con la opción elegida se alivian con mayor antelación las tensiones de tesorería de la Hacienda Pública.


Salvo por dicho aspecto (del que carecemos, en mi opinión, de toda la información relevante), esta subida es negativa desde diversos puntos de vista.

1.- Efecto de las medidas imprevistas.- Arthur Okun, presidente del Consejo de Asesores Económicos de Estados Unidos entre 1968 y 1969, enunció un postulado intuitivo que vino a denominar “teoría del cubo de agua”. La misma venía a decir que la riqueza generada por una economía podía representarse como el agua que hay en un cubo. Si dicho cubo es sometido a movimientos bruscos, seguramente se derramará agua (es decir, riqueza). Por tanto, esta teoría vendría a enseñarnos que una política económica con giros imprevistos y medidas inesperadas acaba provocando una reducción de la riqueza creada por un país. Probablemente (y esto ya lo digo yo) porque la ausencia de un mínimo grado de certidumbre provoca una retracción en las decisiones de consumo e inversión y, en consecuencia, en las posibilidades de incremento del PIB. La subida del IRPF efectuada por el nuevo Gobierno, la cual no entraba dentro de las expectativas de los distintos agentes económicos, no puede redundar, bajo este criterio, en un mayor crecimiento a partir de un entorno más despejado de dudas sino, posiblemente, en todo lo contrario.


2.- Gestión de la política macroeconómica.- Sabemos, al menos desde que José interpretó el sueño del Faraón sobre las vacas gordas y las vacas flacas (Génesis, 41, 1-57), que la actividad económica es siempre cíclica. A épocas de auge, le suceden épocas de recesión. Al momento de mayor crecimiento en la fase de expansión, se le denomina techo del ciclo. Al momento de menor producción en la fase bajista, se le denomina suelo. Una política macroeconómica correcta consistiría en minimizar la distancia entre el techo y el suelo del ciclo económico. Expresándolo visualmente, se trataría de que, en vez de que el PIB discurriera según la línea azul del gráfico adjunto, evolucionara según la línea roja, es decir, por una senda más suave.









El “Recargo temporal de solidaridad”, en vez de suavizar el ciclo económico, lo que provoca es que el mismo sea más pronunciado. Ahonda la recesión al entrar en vigor la subida y, si como se ha dicho, se elimina el mismo cuando la economía se recupere, se estimulará al alza el crecimiento. Es decir, la línea roja (evolución del PIB tras la aplicación de las medidas de política macroeconómica) pasa a oscilar más que la línea azul (evolución del PIB si no se adoptaran dichas medidas), que es lo contrario que debe suceder con un conjunto sano y equilibrado de medidas.





Tampoco este criterio ayuda a alabar la decisión adoptada. Podríamos considerar, desde esta perspectiva, qué sucedería si, en vez de esta subida, se hubiera procedido a una subida del IVA. Dicha subida tendría su lógica ya que, en términos generales, los tipos en España son inferiores a los de la media de la Unión Europea, tal como se refleja en el siguiente gráfico (extraído de un documento de la consultora PricewaterhouseCoopers: http://www.pwc.es/es_ES/es/sala-prensa/assets/guia-iva-241110.pdf):






Una subida del IVA hubiera ayudado a equiparar este impuesto con los tipos disponibles en la UE. Su mantenimiento en la fase alcista del ciclo no provocaría una sobrerreacción del crecimiento cuando llegara dicha fase, por lo que, desde el punto de vista de los objetivos a conseguir con una  adecuada gestión de la política macroeconómica, hubiera sido una decisión más acertada.

3.- Carácter desigual del IRPF en función del tipo de rentas.- Aunque se ha defendido que la medida adoptada ayuda a una mayor progresividad del impuesto y, en consecuencia, a una mayor equidad, esta afirmación hay que someterla a muchísimas matizaciones en función de las rentas sobre las que recae, fundamentalmente, el IRPF. Según un estudio publicado por el Instituto de Estudios Fiscales, cuyos autores son Fidel Picos Sánchez, César Pérez López y María del Carmen González Queija, titulado La muestra de declarantes de IRPF en 2007: Descripción general y principales magnitudes (http://www.ief.es/documentos/recursos/publicaciones/documentos_trabajo/2011_01.pdf), el 79,14% de los rendimientos netos declarados corresponden a rentas del trabajo. Para constatar lo anómalo de la cifra, sólo hay que ir a los datos del INE y comprobar que, en ese mismo año 2007, la remuneración de asalariados significaba el 47,7% del PIB. La brecha entre el  peso real de los salarios y su contribución al IRPF muestra con claridad que este tributo, más que gravar todo tipo de rentas, grava básicamente las rentas que puede controlar. Por tanto, un aumento de los tipos de este impuesto centrado en los tramos más altos de base liquidable, más que aumentar la equidad global del sistema lo que hace es aumentar la imposición sobre las rentas salariales más elevadas. Hay que observar que las grandes fortunas suelen canalizar sus patrimonios a través de las llamadas Sociedades de Inversión de Capital Variable (SICAVs), cuya operativa acaba permitiendo una tributación del 1% sobre los beneficios (http://www.sicav.com.es/). Dicho régimen no ha sufrido modificación alguna, por lo que la subida de impuestos aprobada no le afecta en absoluto. Por ello, comentar que “pagarán más lo que más tienen” con la medida adoptada no deja de ser una colosal inexactitud. Con la situación expuesta, los argumentos contrarios a una subida del IVA por razones de equidad pierden peso de una manera clara. Tal como se ha diseñado la elevación de impuestos, el reparto de la carga adicional va a centrarse, como hemos dicho, en los niveles salariales más altos y en quienes perciben intereses de depósitos bancarios (es decir, en aquellos que, en virtud de las retenciones efectuadas sobre dichas figuras, no pueden escapar de la detección del fisco), pero muchas rentas sobre las que la Hacienda Pública carece de mecanismos de control efectivos van a quedar liberadas de la subida. Por ello, aunque en principio una subida del IVA pudiera parecer más injusta (ya que, como se argumenta tradicionalmente, recae sobre el gasto, el cual ocupa un mayor porcentaje de las rentas más bajas), a efectos prácticos hubiera sido más equitativa ya que las rentas fuera de control hubiesen tributado en el momento de ser gastadas. Adicionalmente, un riesgo potencial que existe es que, al centrar la subida en un grupo cuyo nivel de consumo se ha resentido menos que la media, decida reducir el mismo, con unos efectos contractivos sobre la economía que pueden llegar a ser muy peligrosos.

4.- Alejamiento del modelo hacia el que el IRPF debería tender.- Si en la anterior entrada comentábamos la habilidad que debía tener el Gobierno para salvar los riesgos existentes en las distancias cortas sin perder de vista los problemas a resolver en las distancias largas, la subida de impuestos efectuada lo sacrifica todo al corto plazo, alejando al IRPF del modelo deseable que debería tener a largo plazo. Hay que tener en cuenta que, antes de la reforma fiscal de 1978, España conservaba, en esencia, el sistema de impuestos de producto, que tiene su origen en la Revolución Francesa y que fue implantando en nuestro país en virtud de la reforma Mon-Santillán del año 1845. Este sistema grava las rentas en su origen, lo cual tiende a provocar distintas formas de tributación a rendimientos de similar cuantía (lo cual se acaba convirtiendo en un medio para que distintos grupos de presión consigan un trato fiscal privilegiado) y dificulta la tributación por igual de toda la ciudadanía. Con la reforma fiscal de 1978, aunque se implanta el sistema fiscal moderno de tributación personal, que, al contrario que al anterior, grava las rentas en el momento en que confluyen en una persona física o jurídica y tiende a la progresividad, es decir, mayores tipos para los escalones más altos de renta. Lo paradójico de la situación desde entonces es que hemos logrado  aunar los aspectos negativos de ambos sistemas fiscales: del sistema de impuestos de producto, un IRPF con regímenes tributarios fragmentados según el tipo de renta (rendimientos salariales, rendimientos de actividades empresariales y profesionales, rendimientos del ahorro, incrementos patrimoniales…) con amplias bolsas de fraude en determinados grupos de rendimientos; del sistema de impuestos personales, una creciente complejidad con el fin de paliar los efectos negativos e indeseados de la progresividad (sobretributación de rentas no regulares en el tiempo, desincentivos al trabajo, al ahorro y la inversión…).  Todos los grandes informes de reforma de los sistemas fiscales (Informe Neumark, para la Comunidad Europea, de 1962; Informe Carter, para Canadá, de 1966; Informe Meade, para el Reino Unido, 1978; Informe Bradford, para Estados Unidos, de 1986) tienden a coincidir en defender un concepto extensivo de renta personal a la hora de la tributación (sin hacer distinciones entre las distintas fuentes de renta) con la contrapartida de unos tipos impositivos inferiores que, además, suavicen la progresividad y (aunque en este punto hay algunas diferencias en las que aquí no podemos ahora entrar) tiendan a ser coincidentes con los aplicables al Impuesto de Sociedades (o lo más próximos posibles), con el fin todo ello de que la fiscalidad sea neutral tanto en relación a los distintos tipos de rendimiento como en relación a que la actividad empresarial se canalice vía persona física o vía persona jurídica. Este camino supone una enorme simplificación del marco fiscal y una mayor certidumbre sobre la carga fiscal que conlleva un determinado nivel de renta. La subida de impuestos efectuada va en contra de esa línea, la cual ayudaría a la transparencia y a reducir los costes de gestión del impuesto.

En resumen, salvo por la cuestión de la presión generada por el déficit público, la subida de impuestos efectuada es negativa bajo todos los puntos de vista. No sé si habrán visto una viñeta de Mafalda, donde esta pregunta a unos obreros que salen de una zanja: “¿Qué?¿Buscando las raíces del problema nacional?”. Uno de los obreros responde: “No. Reparando una avería en las tuberías del gas”. Mafalda, entonces, viene a reflexionar (más o menos): “Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante”. Pues eso.


(*) El título de esta entrada es una variación del original del de la película de Stanley Kubrick, Dr. Strangelove: or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964), que en España se llamó ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú.

lunes, 9 de enero de 2012

DISTANCIAS CORTAS Y DISTANCIAS LARGAS


En el Boletín Oficial del Estado del 31 de diciembre de 2011, se publicó el Real Decreto-Ley 20/2011, que incluía las primeras medidas económicas del nuevo Gobierno. En el siguiente enlace, podrán ver la disposición legal completa: 


 
Teniendo en cuenta que el nuevo ejecutivo lleva apenas veinte días en el poder, es pronto para realizar una valoración de lo aprobado hasta la fecha, máxime cuando hay aspectos del plan económico completo que aún no están definidos y el déficit público presentaba una desviación al alza del 2% del PIB en relación a los datos inicialmente previstos, por lo que ha habido que adoptar medidas para hacer frente a tal contingencia. 

Recordemos, no obstante, que siempre hemos defendido que, para iniciar la senda de la recuperación, era preciso afrontar tres aspectos esenciales: 

1.- Saneamiento integral del sistema financiero.- Aún no se ha detallado cómo se va a proceder para realizar dicho saneamiento, aunque el Ministro de Economía ya ha dado, en una entrevista al Financial Times, la cantidad que las entidades financieras deben provisionar con carácter adicional para limpiar sus balances: 50.000 millones de euros (http://www.elconfidencial.com/economia/2012/01/04/de-guindos-cifra-en-50000-millones-las-provisiones-que-se-exigiran-a-la-banca-espanola-90397/) y, además, en sucesivas manifestaciones, se ha desestimado la idea de crear un “banco malo”, por lo que no iban a destinarse recursos públicos para proceder a dicho saneamiento. La cantidad indicada es menor de la que hemos calculado en una anterior entrada del blog (http://eldedoeneldato.blogspot.com/2011/06/remedios-para-una-crisis-iii-la.html), donde hablábamos de una necesidad de capitalización adicional de 141.687 millones de euros, cifra que partía de estimaciones que, a posteriori, han coincidido prácticamente con las aportadas por el propio Banco de España (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/11/02/economia/1320237961.html). Nos podemos temer que se sigue optando por un modelo de saneamiento progresivo en vez de un saneamiento realizado de una vez por todas. Está por ver si esta estrategia puede llegar a tener éxito, porque el problema que ocasiona es que el retraso en el ajuste frena el crecimiento económico y ello, a su vez, provoca un mayor deterioro en los balances de los bancos, añadiendo nuevas necesidades de saneamientos en los mismos y frenándose, en consecuencia, la concesión de créditos y el crecimiento económico, formándose, de este modo, un círculo vicioso. Mientras que no se explicite un plan completo de reestructuración, todas las dudas seguirán abiertas. Igualmente, habría que presentar una reforma del sistema financiero que impida que se repitan los procesos que han dado lugar a la crisis actual, cuestión que no está ni siquiera esbozada. 

2.- Reducción del déficit público.- Siempre hemos defendido que el ajuste del gasto público tenía que partir de una revisión de los programas que integran el presupuesto, para cancelar aquellos que no cumplan una finalidad clara o queden fuera de las prioridades esenciales que se definan. Es evidente que sin haber iniciado el proceso de elaboración de los Presupuestos del Estado para 2012 es imposible abordar una tarea de esas características. Por lo tanto, si hay que tomar medidas urgentes las decisiones posibles son las que se han adoptado: no reposición de personal en servicios no esenciales, congelaciones de sueldo o recortes lineales en un número amplio de partidas (estos recortes lineales surten su efecto a corto plazo porque favorecen la contención en el gasto, pero a largo plazo el único medio para reducir de forma estructural la cuantía global de las partidas es realizar una revisión concienzuda de todas ellas, decidiendo en cada caso sobre su volumen y pertinencia)… Habrá que esperar al Proyecto de Presupuestos para valorar con precisión, porque, hasta la fecha, el único recorte efectivo anunciado ha sido la supresión de la Renta Básica de Emancipación (http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/30/suvivienda/1325253319.html). Respecto a las subidas de impuestos, que afectan básicamente al IBI y al IRPF, resultan más discutibles en principio, pero cuando veamos el abanico completo de medidas podríamos quizás concluir que han sido inevitables. La subida en el IRPF es problemática porque aleja al impuesto de lo que debería ser, en mi opinión, su esquema en el futuro y, tal como está realizada, tendería a hacer más bruscos los cambios en el ciclo económico antes que suavizar el mismo. Este tema lo trataremos más detenidamente en la próxima entrada del blog. Respecto al carácter temporal con el que se ha aprobado la subida del IRPF, en materia fiscal esto siempre hay que ponerlo en cuarentena: recordemos que el actual Impuesto sobre el Patrimonio apareció en la reforma fiscal de 1978 como un tributo provisional, con la mera finalidad de ser un instrumento contra la evasión fiscal que se producía con el anterior sistema y con vocación de desaparecer en el momento en que dicho problema se atenuase con los nuevos mecanismos que la reforma iba a instaurar. 33 años después, dicho impuesto sigue vigente.

3.- Plan de choque.- Respecto a las medidas para reactivar la economía, hasta la fecha se ha aprobado el mantenimiento de la deducción por la adquisición de vivienda habitual (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/04/suvivienda/1325679551.html) y para el Consejo de Ministros del 13 de enero se espera la aprobación de la reforma laboral. Poco más se conoce en este apartado. 

En resumen, los tres ejes que siempre hemos mencionado como esenciales para resolver la situación de bloqueo económico siguen pendientes de ser desarrollados adecuadamente. Es importante afrontar estas tres áreas en el primer semestre de 2012 para poder desarrollar, posteriormente, las medidas de corte estructural que la economía española necesita y que son las que pueden ayudar a conseguir a largo plazo unos mayores niveles de vida para la ciudadanía. Porque la urgencia de nuestros problemas actuales no nos pueden hacer perder de vista los defectos estructurales que afectan al sistema económico español. Defectos que se vienen arrastrando desde hace muchos años y que, si no impedían el crecimiento y la generación de riqueza en el contexto de una economía semicerrada al exterior y, tras la entrada en la CEE, tampoco eran un serio obstáculo debido a la política monetaria expansiva de bajos tipos de interés practicada por los principales bancos centrales a nivel mundial, ahora, en un contexto de globalización y ausencia de margen para nuevas bajadas de tipos, son barreras infranqueables en el camino hacia la prosperidad. Dichos defectos, que acaban actuando como frenos que impiden el pleno desarrollo de todas nuestras potencialidades, únicamente podrán ser removidos con políticas cuyos efectos sólo se harán ver a largo plazo. 

Por todo ello, el enfoque correcto que habrá que dar a la política económica en los próximos años será el de una combinación armónica entre un juego hábil en las distancias cortas (para resolver con rapidez los problemas más urgentes) y una estrategia sensata en las distancias largas (para conseguir una economía más flexible, dinámica y competitiva). 

Para comprender lo que estamos diciendo, vamos a utilizar una serie de gráficos con los que vamos a familiarizarnos en las próximas entradas, ya que nos van a permitir tratar una serie muy variada de cuestiones. 

Vamos a comprobar, en primer lugar, cuáles han sido las tasas de crecimiento de la economía española desde 1940 hasta la actualidad. Para el período 1940-2000, hemos utilizado los datos del importante estudio Del caos al cosmos: una nueva serie enlazada del Producto Interior Bruto de España entre 1850 y 2000 del Catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad Autónoma de Barcelona, D. José Maluquer de Motes(http://www.aehe.net/2009/07/maluquer-de-motes_del-caos-al-cosmos.pdf). Desde el año 2000 en adelante, hemos utilizado los datos del INE. En el gráfico, he señalado cuatro etapas claramente diferenciadas:
 
GRAFICO CRECIMIENTO ECONOMICO
 
Fuente: Maluquer de Motes, Jordi “Del caos al cosmos: una nueva serie enlazada del Producto Interior Bruto de España entre 1850 y 2000” e INE.
 
 
Como es de sobra conocido, y el gráfico refleja con claridad, el período de mayor crecimiento desde el final de la Guerra Civil se produjo en el período 1961-1974, a partir de los profundos cambios introducidos por el Plan de Estabilización de 1959. Tras la crisis provocada por la subida de los precios del petróleo (1973-1980), la aplicación de políticas de ajuste, nuestra incorporación a la CEE y la percepción de las ayudas europeas dieron lugar a un nuevo período de expansión, que finalizó con la recesión del período 1992-1993. Con posterioridad, las medidas de ajuste desarrolladas para posibilitar nuestra entrada en el euro y la posterior etapa de bajo de interés del Banco Central Europeo dieron nos llevaron a la última etapa de expansión conocida, con todo lo bueno y malo que la misma conllevó, según hemos explicado desde la primera entrada de este blog. 

Sin embargo, merece la pena contrastar estos datos con los de población y población ocupada, porque observaremos, inmediatamente, un hecho anómalo: 

GRAFICO POBLACION
Fuente: INE.
 
GRAFICO POBLACION OCUPADA
 
 Fuente: INE.
Observemos que, tras la entrada en la CEE y la recesión iniciada en 1992, la población ocupada en 1993 era de 12.203.300 personas, cuando en 1960 era de 11.792.000 personas. En el mismo período, la población total del país pasó de 30.582.936 personas en 1960 a 39.443.942 personas. Es decir, habiendo habido un incremento de población de 8.861.006 personas, el aumento de personas ocupadas fue sólo de 411.300 personas. A partir de dichos números, cabe hacer varias reflexiones: 

1.- Viendo las tendencias a largo plazo de la economía española, se aprecia claramente la dificultad que tiene para la generación de mayores niveles de ocupación.- Cuando a principios de los 90 existía una fuerte oposición a la reforma de nuestro mercado laboral, cabe plantearse qué argumentos podían emplearse para defender el mantenimiento de un estado de cosas que se manifestaba ineficaz e inútil. Sin embargo, la convocatoria de tres huelgas generales en 1988, 1992 y 1994 (http://es.wikipedia.org/wiki/Huelgas_generales_en_España) frenó diversos intentos para implantar un cambio en profundidad del modelo que sirviera para incentivar el volumen de contrataciones efectuadas. Por otro lado, tampoco se abordó un proceso serio para estimular la generación de proyectos empresariales, con la pervivencia de numerosas trabas y obstáculos en los aspectos fiscal, burocrático, educativo y financiero (entre otros), que podían hacernos llegar a pensar que el sistema estaba diseñado más bien para desincentivar el carácter emprendedor que para favorecerlo. 

2.- Con la llegada al poder del Partido Popular en 1996, se emprendió una relativamente modesta reforma laboral (contenida, básicamente en dos Decretos-Leyes: el 8/1997 –http://www.boe.es/boe/dias/1997/05/17/pdfs/A15406-15411.pdf- y el 9/1997 -http://www.boe.es/boe/dias/1997/05/17/pdfs/A15412-15414.pdf-), cuyo elemento más importante fue la introducción de un contrato fijo para el fomento de la contratación indefinida, y se aprovechó la política monetaria expansiva emprendida por el Banco Central Europeo, factores que llevaron a un fuerte incremento de la población ocupada. Podemos afirmar que la tendencia de tipos de interés bajos que tuvo lugar durante estos años fue un factor clave para frenar el impulso reformista. Las altas tasas de crecimiento y el incremento de la población ocupada desde 13.065.000 personas en 1996 a 20.476.900 personas en 2007, un aumento espectacular para el que fue insuficiente la población nacional ya que la misma tuvo que ser complementada con grandes contingentes de población inmigrante, parecieron dibujar un modelo de éxito para el que no se vislumbraban elementos de fracaso. Sin embargo, dos problemas, que ya se arrastraban de la etapa anterior, siguieron estando presentes en estos años como consecuencia de la ausencia de reformas: en primer lugar, el crecimiento estuvo asociado a sectores con bajos crecimientos de productividad (construcción y ramas asociadas y sectores que crecían al amparo del auge inmobiliario –sector financiero, venta de automóviles…-); en segundo lugar, en el mercado de trabajo se siguió agudizando la segmentación entre contratos fijos y contratos temporales, de forma que siguió cumpliéndose aquella metáfora en que se hablaba de una “ciudadela del empleo”, formada por aquellos que disfrutaban de contrato fijo y del conjunto más amplio de derechos laborales, y de quienes están fuera de esa “ciudadela”, que van encadenando contratos temporales y no encuentran forma de asentar su situación laboral. Adicionalmente, siguieron existiendo los mismos problemas para el desarrollo de nuevos proyectos empresariales, lo cual restaba claramente dinamismo a nuestra economía. 

3.- Cuando llegó la recesión con el fin de la burbuja inmobiliario-financiera, se ha producido un fuerte desplome de la población ocupada, que pasó de 20.476.900 personas en 2007 a 18.408.200 personas en 2010, es decir, un descenso de 2.068.700 personas, que supuso volver a los niveles de ocupación de 2004. Frenar esa sangría va a suponer incidir en múltiples aspectos pero, básicamente, en los dos que hemos estado mencionando hasta ahora: reforma del mercado laboral e impulso al dinamismo emprendedor. Para recalcar la importancia de la reforma laboral, además de la caída del nivel de población ocupada, hay que tener en cuenta el enorme (y desproporcionado) peso de la contratación temporal en relación a la contratación indefinida, según los datos de “Movimiento laboral” del INE (en torno al 90% de los contratos registrados en el período 2004-2009 son de carácter temporal, frente al sólo 10% de los indefinidos):
 
GRAFICO MOVIMIENTO LABORAL 2004-2009
 
    FUENTE: INE
 
Esta situación no sólo supone un freno para las decisiones de consumo e inversión de quienes tienen un contrato temporal, sino que supone una grave distorsión en el proceso de toma de decisiones por parte de las empresas: la permanencia o no de un trabajador acaba dependiendo de si su contrato puede seguir siendo temporal o no. 

Al final, la regulación actual (que ha permanecido sin variar en sus elementos esenciales –al menos en lo referente a los principios que guían las modalidades de contratación- desde el Fuero del Trabajo de 1938) constituye un obstáculo para el incremento de la ocupación y para una distribución razonable de los ocupados entre contratados fijos y contratados temporales. 

Respecto a la amplitud de la estrategia para favorecer el espíritu emprendedor, no sólo basta con incidir en los aspectos fiscales o burocráticos sino que hasta en la educación hay que incidir para impedir las trabas que la entorpecen (basta con señalar algunos contenidos de la asignatura Educación para la Ciudadanía para demostrarlo: http://www.expansion.com/2011/10/31/economia/1320016523.html?a=0faadd81601b6f897a94acfdf8ae1254&t=1326051771).

En resumen, esa combinación en la atención de urgencias apremiantes y en la solución de necesidades estructurales va a constituir el gran dilema de la política económica de forma prácticamente inmediata. Por ello, debido a la grave situación, que provoca que el tiempo corra en nuestra contra, además de un buen diseño de las medidas, será necesario comunicar con claridad cuál es la estrategia que se está llevando a cabo, con el fin de despejar el entorno de incertidumbres y elementos de inquietud. En la medida en que el Gobierno sea capaz de generar un entorno más predecible que el actual, podrá desbloquear con mayor facilidad decisiones de consumo e inversión de los agentes económicos. Esto es lo que viene a decir la “teoría del cubo de agua” del economista Arthur Okun. Teoría de la que ya hablaremos en la próxima entrada…