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jueves, 28 de junio de 2012

DEVALUEMOS TODOS, PARA IR CAMINO DE LA PROSPERIDAD…










Ante una situación de recesión, los distintos países buscan vías para favorecer el crecimiento económico. Las políticas expansivas de gasto público presentan el obstáculo de que normalmente provocan aumentos del déficit y es necesario que los aumentos de deuda pública subsiguientes sean suscritos por los inversores, lo cual, según el nivel de deuda pública del que se parte, no siempre es fácil. Se puede expandir la oferta monetaria, pero ello puede acabar repercutiendo en aumentos de la tasa de inflación y, como los bancos centrales utilizan el sistema financiero como vía indirecta para que esta política acabe activando el crecimiento y el empleo, muchas veces la acción se pierde en el camino ya que los agentes económicos acaban prefiriendo mantener la mayor cantidad de dinero posible en forma líquida o de depósitos bancarios, antes que gastarla (es la situación que Keynes denominó “trampa de la liquidez” y es, en gran medida, lo que está sucediendo actualmente, ya que, a pesar de los bajos tipos de interés y las sucesivas medidas para incrementar la cantidad de dinero en circulación, sus efectos sobre el PIB son, más bien, magros). Por todo ello, un medio para estimular la economía es la depreciación de la moneda. Ello provoca que se abaraten las exportaciones y se encarezcan las importaciones, con consecuencias lógicas: se vende más y se compra menos en el exterior. Con ello se mejora el saldo de la balanza comercial y se logra reactivar el PIB (es lo que se conoce con el nombre de "devaluación competitiva").


Aunque la existencia de una moneda única en la Eurozona puede complicar todo este razonamiento, en lo esencial se mantiene, sólo que las instancias institucionales y su capacidad para ser presionadas e influenciadas varían significativamente.

El problema de, lo que parece, un sencillo expediente de política económica, que puede ser implantando con facilidad es que, obviamente, es imposible que todas las monedas se deprecien simultáneamente: alguna se tiene que apreciar. Que no haya ninguna moneda a nivel mundial que asuma el papel de apreciarse frente a las demás y de actuar como una moneda de referencia  clara es un problema que ya comentamos en una entrada anterior. Su ausencia ha provocado que el esfuerzo generalizado por depreciar la moneda propia de cada país haya sido un factor adicional de recalentamiento de las economías, haya realimentado la burbuja inmobiliario-financiera y haya devenido, finalmente, inútil… Si hubiera habido una moneda de referencia clara, que se hubiera comportado como tal, se hubiera constituido en un ancla para la expansión monetaria global y hubiera sido un factor de estabilidad a nivel internacional.

Si empezamos con el euro, ya nació con el afán de Alemania para evitar la continua apreciación del marco, lo cual perjudicaba a su sector exportador. Al unirse a países con saldos negativos en sus balanzas por cuenta corriente, estos compensaban el saldo positivo de la balanza por cuenta corriente alemana y el efecto neutralizador final ayudaba a que el euro se mantuviera estable.


Podemos ver el saldo de la balanza de bienes y servicios de Alemania y de un grupo de países para ver ese comportamiento claramente dual:




(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada)  

Fuente: EUROSTAT



Y, efectivamente, el euro ha tendido a no apreciarse frente a la divisa norteamericana. A pesar de que el período 2005-2008 sí se revalorizó claramente, desde entonces se ha mantenido en una especie de “sube y baja” y, a día de hoy, tiene un valor similar al existente a finales de 2008:


Fuente: www.google.es/finance


Recientemente, en Suiza han tomado la decisión de intervenir en los mercados de cambios para que su moneda (el franco suizo) dejara de revalorizarse y no bajara de 1,20 francos suizos por euro (http://elpais.com/diario/2011/09/07/economia/1315346401_850215.html). En los gráficos, se aprecia claramente el efecto de la medida desde septiembre de 2011 hasta la actualidad:


Fuente: www.google.es/finance



Respecto al yuan, ya comentamos en su momento que la meta del gobierno chino ha sido la de mantenerlo artificialmente depreciado para no castigar al superávit de su saldo exterior. Si su comportamiento hubiera debido ser de continua apreciación, podemos observar que, durante largos períodos de tiempo, se ha mantenido estable debido a la intervención gubernamental en los mercados de cambios:



Fuente: www.google.es/finance



De hecho, este precio artificial del yuan es una de las causas que han sido argumentadas como uno de los detonantes de la crisis actual. La revalorización de la divisa china hubiera tenido que reducir el superávit comercial de aquel país: se habrían reducido sus exportaciones y aumentando sus importaciones. Con ello, se habría reducido el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos y de otros países occidentales y, en consecuencia, el ritmo de endeudamiento de estas economías hubiera sido menor... Al no haber seguido el precio del yuan la lógica del mercado, las importaciones de China del exterior no aumentaron y habría habido un “exceso de ahorro” en dicho país asiático...

Ahora, debido a su vez al “calentamiento” que esta política ha provocado en la propia China, y el posible estallido de la burbuja inmobiliario-financiera allí formada, ya no es posible seguir el camino correcto en dicho país, ya que la posibilidad de una gran recesión es claramente visible. Lo único que se ha conseguido es una descomunal acumulación de desequilibrios que, ahora, son de difícil corrección.

La única moneda que sí ha manifestado un proceso de revalorización claro ha sido el yen japonés:


Fuente: www.google.es/finance


Sin embargo, este hecho no tiene en la economía internacional el impacto que podría tener debido a que la economía japonesa se encuentra en pleno proceso de reducción del endeudamiento con el fin de liquidar su propia burbuja inmobiliario-financiera, que explotó a principios de los años 90 del pasado siglo. Por ello, el efecto arrastre que podría generar un hipotético aumento de las importaciones japonesas no tiene lugar, ya que los agentes económicos prefieren cancelar deudas antes que aumentar su gasto.

En resumen, observamos que las circunstancias monetarias en que nos movemos desde la inconvertibilidad del dólar en oro, decidida en 1971 (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/10/rio-arriba-o-cual-es-el-origen-de.html), es un factor adicional no sólo de inestabilidad sino de entorpecimiento en la restauración de los equilibrios básicos a nivel mundial. Las alternativas, como ya vimos (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/05/la-situacion-de-la-economia-de-eeuu-y-4.html), se vislumbran confusas...


miércoles, 27 de junio de 2012

DC COMICS RESET



El economista sueco Johan Akerman (1888-1959) introdujo el concepto de límite de estructura: se refería a situaciones de cambios profundos, realizados en tiempos muy comprimidos y generadores de verdaderas mutaciones de todo el cuerpo social de un país. 

Actualmente, existe una corriente importante de economistas que interpreta la crisis que estamos atravesando en términos de límite de estructura, como un momento en que las características esenciales del sistema económico cambian radicalmente respecto a la etapa anterior. Se puede utilizar este término o no. Santiago Niño Becerra utiliza el de crisis sistémica en sus obras El crash de 2010 y Más allá del crash (este último ya comentado en este blog: http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/12/comentarios-mas-alla-del-crash-de.html) y, aunque los conceptos expresados no son equivalentes, coinciden en expresar una situación de cambio sustancial, una línea que marca un antes y un después en el devenir económico.

Desde el punto de vista de la gestión empresarial, el identificar la naturaleza de la situación económica tiene gran importancia. Una crisis coyuntural permite afrontar un período bien delimitado de menor actividad y aprovechar la expansión posterior sin alterar los fundamentos esenciales del modelo de negocio. Pero ante un límite de estructura o una crisis sistémica, todo es diferente. Cuando la recesión se supera, el entorno en el que una empresa se mueve ha cambiado tanto que es posible que un modelo de negocio de éxito en el pasado pase a ser totalmente obsoleto y la empresa se encuentre lejos de una situación mínimamente competitiva.

Hoy, vamos a acercarnos a una realidad que no suele ser tratada con frecuencia en la literatura empresarial (Apple, Microsoft, Google, Facebook, IKEA, Inditex, Mercadona o Banco Santander suelen ser objeto de mayor número de análisis) pero que es interesante de seguir: el mundo del cómic.

La vertiente del cómic que suele generar mayores ventas y mayor atención del público es la del género de superhéroes. Surgido en Estados Unidos, Marvel Comics y DC Comics son las dos compañías que, prácticamente, monopolizan el sector. Mientras que la DC Comics (fundada en 1934 con el nombre de National Allied Publications) tiene dos personajes claramente emblemáticos (Superman y Batman) que concentran sus ventas, la Marvel (nacida en 1939 con el nombre de Timely Publications), tiene un mayor número de protagonistas entre los que repartir sus historias (Spiderman, Daredevil, Hulk, Thor, Capitán América, Los 4 Fantásticos, X-Men -o Patrulla X, como se conoció inicialmente en España-, Iron Man, Los Vengadores...).

Si repasáramos la historia de ambas compañías, veríamos que las épocas de crisis ocupan, prácticamente, más tiempo que las de esplendor. Si, en la década de los 40 o de los 60 del pasado siglo o en la primera década del siglo XXI, el éxito económico de ambas empresas ofrecía pocas dudas, en la década de los 50 y de los 70 pasaron a tener graves problemas que amenazaron su supervivencia. Marvel afrontó un proceso de bancarrota en 2001 y DC Comics ha dejado de ser una empresa independiente y ahora forma parte del conglomerado AOL-Time Warner.

A pesar de todo, a pesar de los profundos cambios que sacuden periódicamente al mundo del ocio y la creación artística, con giros imprevisibles en los gustos y hábitos de los consumidores, lo sorprendente es que ambas empresas se siguen manteniendo en el mercado. ¿Por qué?










Una conjunción de factores explica esta circunstancia. La fundamental, su capacidad de adaptación a los cambios. El cómic de superhéroes en la década de 1940, no tiene nada que ver con el que ahora mismo existe. La transformación básica es que, si en aquella época, era el lector infantil y juvenil el público objetivo de ambas empresas, hoy el mismo se ha deslizado claramente hacia un público más adulto. Si, antes, en los años del baby-boom, el segmento de mercado con gran posibilidad de crecimiento era, precisamente, el que podía situarse en un tramo de edad entre 9 y 18 años, la caída de las tasas de natalidad hizo que las posibilidades de crecimiento del mismo se redujeran sustancialmente. Se une a ello, la aparición de otros géneros (como el manga japonés) y la introducción de nuevas formas de ocio (la televisión, primero, el videojuego, después) que supusieron nuevos competidores que mermaron significativamente la cuota de mercado del cómic de superhéroes.

Por ello, la estrategia de posicionamiento pasó por dirigirse al público más adulto, al público que, de niño o de joven, compraba semanalmente el tebeo de su superhéroe favorito y que, ahora, podía volver a reencontrarse con ese mismo superhéroe, pero un superhéroe que había “crecido” con él, que se enfrentaba con su misma actitud a los procesos vitales de la madurez, que empezaba a tener dudas y había perdido buena parte del optimismo pop de su origen (es decir, frente a una estrategia de posicionamiento en un segmento en expansión, se pasó a una estrategia de fidelización en segmentos amplios). Este cambio llevó al género de superhéroes a historias más oscuras y a tramas más turbias y dio el protagonismo a creadores como Frank Miller o Alan Moore que idearon narraciones para adultos, complejas, profundas y turbadoras y que transformaron para siempre el género, elevando de paso su calidad artística. Porque, y este es el segundo elemento a resaltar, a lo que nunca ha querido renunciar el sector es a la calidad del producto, más bien, todo lo contrario. Ha buscado incrementarla e ir adquiriendo mayor categoría artística, con el progresivo desarrollo de lo que se ha denominado “novela gráfica”, concepto que busca superar al típico cómic de grapa como forma de expresión. Otras ideas ingeniosas, como la vertiente Ultimate de los personajes de Marvel, es decir, versiones alternativas que modificaban completamente la historia original, se convertían en imaginativos instrumentos de marketing que ayudaban a periódicos incrementos de ventas (recordemos la noticia reciente de la muerte de Spiderman, muerte que no tenía lugar en la línea narrativa original del personaje, sino en la versión Ultimate: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/06/22/comic/1308715859.html).

Junto a todo ello, la adaptación de buena parte de los principales personajes al cine y la aparición de archivos digitales para, mediante subscripción, poder acceder a todo el material antiguo confirmaron que el sector había sabido reaccionar a circunstancias cambiantes y podía tener un gran futuro por delante.

He traído a colación este tema, porque, hace poco, la DC Comics ha adoptado una curiosa y radical decisión que puede sorprender a muchos pero que representa una clara señal de los tiempos que corren. Ambas compañías han ido consolidando el concepto de que todos los personajes y todas sus historias formaban, en realidad, un universo único. Las tramas se entrelazaban, se interrelacionaban hasta formar, en realidad, una sola historia.

Recientemente, la DC Comics podemos decir que ha reseteado todo ese universo y todas las historias reempiezan nuevamente. Vean las siguientes portadas y comprobarán como en ellas aparece un número 1 “redondo y lirondo”. Borrón y cuenta nueva (más o menos)...







De paso, quizás con el fin de incrementar el número de personajes populares de la marca, el arranque de toda la historia no ha tenido lugar con Superman o Batman como protagonista, sino a otro personaje menos conocido: Flash...




Por supuesto, esta estrategia ha servido para que los consumidores de cómic vuelvan sus ojos a esta compañía y pueden ver en este enlace cómo han evolucionado las ventas: http://www.comicsbeat.com/2012/05/09/dc-comics-month-to-month-sales-march-2012/. Los datos que ahí aparecen, correspondientes a Estados Unidos, reflejan un gran incremento de ventas en agosto-septiembre de 2011 que fue cuando allí se inició la nueva etapa. Aunque después la evolución ha sido desigual, es cierto que la estrategia ha servido para ir comprobando qué títulos tienen tirón y cuáles no. Y se dibuja una tendencia clara en que el número de series va a tender a reducirse: si en marzo de 2010 había 15 series con ventas mensuales menores a 20.000 unidades, en marzo de 2011 había 22 y en marzo de 2012, 29. La tendencia en el futuro, por tanto, será, probablemente, la de simplificar el catálogo… Pero esa es otra historia, que también trataremos en su debida entrada…

Quédense, de momento, con la idea de que una compañía de 78 años de existencia, que ha sobrevivido a la II Guerra Mundial, a la crisis de los 70, a la de los 90 y está sobreviviendo a la Gran Recesión, ha decidido efectuar un gran reset en su catálogo… ¿No es ello un signo de que estamos viviendo un límite de estructura o una crisis sistémica, que obliga a grandes cambios en todos los órdenes?



martes, 26 de junio de 2012

AUDITA, QUE ALGO QUEDA...










El pasado jueves 21 de junio, las dos auditoras independientes nombradas por el Gobierno, Roland Berger y Oliver Wyman, hicieron públicos sus informes sobre el sistema financiero español.


En la página web del Banco de España, figuran enlaces a ambos informes e información complementaria sobre los mismos:







http://www.bde.es/f/webbde/GAP/Secciones/SalaPrensa/InformacionInteres/ReestructuracionSectorFinanciero/Ficheros/es/background_proc_eval.pdf



Esta auditoría ha consistido en la realización de un test de estrés a todo el sistema financiero español. ¿Qué es un test de estrés? Se trata de analizar, en términos de pérdidas y de quebranto subsiguiente en los recursos propios de una entidad financiera, los efectos de una situación económica negativa que pueda producirse. Una vez cuantificados dichos efectos, se evalúa su impacto sobre el nivel de capitalización del sistema y se comprueba si el mismo necesita o no una inyección adicional de recursos para restaurar el nivel de solvencia previo al acaecimiento de las circunstancias negativas supuestas. Con ello, se mide el grado de resistencia del sistema financiero evaluado ante una coyuntura desfavorable.


Esta no va a ser la única auditoría independiente a la que se va a someter el sistema financiero español, con el fin de disipar dudas sobre la claridad de sus cuentas. En los próximos meses, se realizará una nueva auditoría para realizar “un contraste de los procedimientos de estimación y anotación del deterioro de los activos de cada grupo bancario” (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/20/economia/1337549995.html).
 

En este punto, ya existe una primera salvedad que realizar sobre la secuencia de auditorías a llevar a cabo. Resulta obvio que, posiblemente, la que vaya a ser segunda auditoría, hubiera tenido que ser la primera. Es decir, en primer lugar, habría que haber comprobado si los métodos y criterios de contabilización están siendo los correctos. Ello hubiera despejado incertidumbres sobre los estados financieros de los bancos españoles. Posteriormente, una vez que se hubiera dado por sentado que los números eran fiables, se hubiera tenido que analizar el grado de resistencia de dichos bancos ante circunstancias graves de gran calado.


Tal como se ha hecho es como comprobar si un enfermo puede resistir una neumonía, sin saber si lo que en realidad tiene es apendicitis.


A partir de esta base, los resultados de los test de estrés se pueden resumir en los siguientes puntos:


1.- Se establece un escenario macroeconómico base y un escenario macroeconómico adverso. Ambos escenarios se sintetizan en los cuadros adjuntos:






(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada) 

Fuente: Banco de España


(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada)  

Fuente: Banco de España


Para estos escenarios, frente al Programa de Evaluación del Sector Financiero del FMI (FSAP) – http://www.imf.org/external/np/vc/2001/022301s.htm-, que abarca un período de dos ejercicios, se ha tenido en cuenta un horizonte temporal de 3 años. Además, para el escenario macroeconómico adverso, se han fijado previsiones más negativas que las realizadas por el FMI.


2.- El ámbito de aplicación de la auditoría va más allá del crédito a promotores inmobiliarios, al abarcar, también, el crédito a hogares y a empresas no financieras y no inmobiliarias. Por tanto, cubre todo el espectro de la cartera crediticia susceptible de generar quebranto patrimonial a los bancos.


3.- Para Oliver Wyman, en el escenario macroeconómico base, las necesidades de capital de la banca española estarían en una horquilla entre 16.000 y 25.000 millones de euros. En el escenario adverso, la horquilla estaría entre 51.000 y 62.000 millones de euros.


4.- Para Roland Berger, en el escenario base, las necesidades de capital serían de 25.600 millones de euros. En el escenario adverso, ascenderían a 51.800 millones de euros.
 

Es decir, la cifra mínima a considerar sería de 16.000 millones de euros y la máxima de 62.000 millones de euros. En cualquier caso, por debajo de los 100.000 millones de euros, que es el importe de la línea de crédito aprobada por el Eurogrupo para España. Por tanto, la cuantía de esta línea de crédito sería suficiente para cubrir las posibles necesidades de ampliación de recursos propios de los bancos españoles.


¿Qué podemos decir de estas auditorías? Teniendo en cuenta la primera salvedad antes realizada, sí que habría que tener en cuenta dos aspectos diferentes:


1.- En primer lugar, las cantidades que manejan ambas auditorías parecen bastante razonables. Hay que tener en cuenta que con las provisiones ya realizadas y a las que obligan los Reales Decretos-Ley 8/2012 y 18/2012, buena parte de las pérdidas a cubrir estarían cubiertas con las partidas contables correspondientes. Asimismo, con los beneficios de las entidades sin problemas también se generarían recursos adicionales para absorber los quebrantos derivados de operaciones impagadas. De este modo, a partir de la información disponible, todos los cálculos tienden a coincidir sobre un intervalo similar que es en el que se mueven los informes de ambos auditoras. 


En una entrada anterior del blog (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/05/y-cuando-desperto-el-problema-del.html), comentamos que las pérdidas acumuladas del sistema financiero como consecuencia de la actual crisis ascendían a 226.700 millones de euros y que la cantidad necesaria para recapitalizar el sistema estaba en torno a los 49.000 millones de euros, excluyendo el saneamiento de Bankia.


En un artículo de S. McCoy en www.elconfidencial.com, que pueden ver en el siguiente enlace: http://www.cotizalia.com/opinion/valor-anadido/2012/06/12/bailad-bailad-malditas-cifras-de-la-banca-7129/, se estiman las pérdidas totales en 260.000 millones de euros, existiendo unas necesidades de capitalización de 50.000 millones de euros, Bankia incluida. (Adicionalmente, harían falta 45.000 millones de euros para recapitalizar el Fondo de Garantía de Depósitos).


Es decir, las cifras manejadas con los datos públicos existentes al día de hoy, permiten hacer unos cálculos relativamente precisos sobre el importe de lo que podríamos denominar “agujero” en el sistema financiero. Como la duda reside en la fiabilidad de esos datos, hubiera sido mucho más eficaz que esta auditoría se hubiera realizado en segundo lugar, como hemos dicho anteriormente.


2.- Hay un punto que ha generado ciertas dudas y es el supuesto sobre la ratio denominada core capital. Esta ratio mide el porcentaje de recursos propios (capital social y reservas) sobre los activos totales. La normativa actual establece su importe mínimo en el 6%, aunque los cambios impuestos por Basilea III obligarán a que la misma no baje del 9%. En la auditoría realizada, para el escenario base se parte de una core capital del 9%, mientras que para el escenario adverso se fija en el 6%. Es decir, al exigir menos capital, en la coyuntura más desfavorable prevista se necesita menos capital para cubrir los requerimientos normativos. Este modo de proceder ha acarreado críticas, en el sentido de que se cambian las reglas del juego aplicadas para uno y otro escenario.


En descargo de los auditores, hay que comentar dos aspectos:


* La primera, que el criterio aplicado ha partido de las recomendaciones realizadas por el llamado Advisory Panel (o Grupo de Asesoramiento), formado por 2 representantes del Banco Central Europeo, 1 representante del Banco de Francia, 1 representante del Banco de Holanda, 1 representante del Fondo Monetario Internacional, 2 representantes de la Comisión Europea y 1 representante de la Autoridad Bancaria Europea. Es decir, no ha sido fruto de una decisión unilateral de España o de las auditoras.


* La segunda, que el sentido común dicta que, si se producen unas circunstancias tan negativas como las que recoge el escenario adverso, tendrán que flexibilizarse las condiciones para alcanzar un 9% de core capital, porque, de no hacerlo, se restringiría aún más el crédito y, con ello, se agravaría en mayor medida la situación negativa acaecida. Por lo que el criterio marcado por el Advisory Panel está plenamente justificado.


En resumen, mi conclusión es que los resultados de las auditorías, en función del contexto en el cual se realizan, son esencialmente correctos. Pero, por un lado, la prueba de fuego no es esta sino la que viene ahora, cuando se evalúen los activos bancarios, su deterioro y el método de contabilización y, por otro, la lentitud con que estamos afrontando esta crisis provoca que el recelo ya no esté acotado sólo a nuestro sistema financiero, sino a todo el país en general. Sólo ello explica que la prima de riesgo apenas se haya inmutado ante la presentación de ambas auditorías...


lunes, 25 de junio de 2012

MULTIPLÍCATE POR CERO…



A partir de hoy, las entradas de cada día de la semana en este blog tendrán un enfoque diferente. Los lunes, serán entradas más breves sobre cuestiones de índole variada. Los martes, publicaremos entradas más extensas sobre temas relacionados con la economía española. Los miércoles, trataremos cuestiones de carácter empresarial. Finalmente, los jueves abordaremos aspectos de economía internacional. Espero que les guste la nueva estructura del blog.


* * *

El pasado jueves 21 de junio, en el diario EL MUNDO, Luis María Anson, en su columna Canela fina, publicaba un artículo sobre la deuda pública española y en él se hacía la siguiente afirmación: “España ha pagado siempre intereses y principal de la deuda soberana. Lo hicieron incluso entre 1936 y 1939 los dos bandos que ensangrentaron al país durante la guerra incivil. No hay peligro real. La prima de riesgo española no debería superar los 150 puntos.” Hay un punto que sorprende en la cita y es que ha multiplicado por cero el número de quiebras soberanas que se ha producido a lo largo de la Historia de España. Efectivamente, el número de las mismas ha sido dieciocho, a lo que hay que sumar que la deuda del bando republicano a la terminación de la guerra civil quedó, evidentemente, impagada. A nuestro favor está el hecho de que nuestra última quiebra soberana se produjo en 1882. A partir del estudio que enlazamos, elaborado por los profesores Carmen M. Reinhart, de la Universidad de Maryland, y Kenneth Rogoff, de la Universidad de Harvard, (http://www.nber.org/papers/w13882.pdf), más con información complementaria, podemos mencionar las siguientes quiebras producidas en España:


En época de Felipe II, se produjeron cuatro: en 1557, en 1560 (en ocasiones, estas dos son tratadas como una única bancarrota), en 1575 y en 1596.

Durante el reinado de Felipe III, se produjo una, en 1607.

Con Felipe IV, se produjeron otras cuatro: en 1627, en 1647, y en 1653 y en 1662

Con el último monarca de la Casa de Austria, Carlos II, tuvo lugar una nueva quiebra en 1680.

A raíz de la ocupación francesa, se produjo otra suspensión de pagos en 1809.

Durante el reinado de Fernando VII, tuvo lugar una nueva bancarrota en el período 1814-1820 y otra en el año 1831.

Con Isabel II en el trono, se produjo una primera bancarrota en 1834 y, con posterioridad, en 1851 y una última en 1867, en el contexto de la crisis bancaria a la que hicimos mención en la anterior entrada.

Durante el reinado de Amadeo I de Saboya, tuvo lugar una nueva quiebra de la Hacienda Pública en 1872. Y, finalmente, en tiempos de Alfonso XII, tuvo lugar la última en 1882.


En otra parte del artículo, también se dice que “padecemos una especulación interesada. Los inversores cobrarán lo estipulado en los bonos españoles. Cui prodest. ¿A quién beneficia la situación actual? Para Alemania es muy cómodo financiar su deuda con bonos a menos del 1% mientras España tiene que pagar el 7%”. Es muy reconfortante psicológicamente poder echar la culpa de nuestros males a maniobras de enemigos ocultos en la oscuridad. Pero, la mayoría de las veces, eso sólo sirve para eludir nuestra responsabilidad en nuestra propia situación.

Veamos. Vamos a hablar de un país A y de un país B. Vamos a empezar viendo cuáles han sido las tasas de crecimiento de ambos países en los últimos años:





(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada) 

P: Previsión
Fuente: EUROSTAT

En ambos casos, estas dos economías han sufrido los efectos de la crisis, pero en el caso de la economía A ha logrado salir de las tasas de variación negativas mientras que en el caso de la economía B las previsiones apuntan a que va a volver a caer en recesión.

Pasemos al déficit público:



 Fuente: EUROSTAT.

 
La economía A ha cerrado 2011 con un déficit público equivalente al 1% del PIB, mientras que la economía B lo ha hecho con un montante del 8,5% del PIB.

Finalmente, veamos la capacidad o necesidad de financiación de ambas economías:



Fuente: EUROSTAT

La economía A tiene una capacidad de financiación en 2011 del 5,4% del PIB, mientras que la economía B necesita ser financiada (es decir, necesita endeudarse) en una cuantía del 3,4% del PIB.

Por todo ello, aunque la economía A tiene una deuda superior en términos relativos a la de la economía B, es evidente que la capacidad de generación de recursos de la economía A es superior a la de la economía B. Y, sobre todo, mientras las perspectivas de aumento de la deuda en el caso de la economía A están controladas, en el caso de la economía B esa deuda va a seguir creciendo a tasas elevadas. Si tuvieran que invertir en deuda pública de un país, en cuál lo harían, ¿en el A o en el B? Posiblemente, en el A. Como habrán supuesto, el país A es Alemania y el país B es España. Y los datos presentados no derivan de ninguna conspiración ni trama oculta…

Si traigo todo esto a colación es porque soy contrario a que en economía tenga mayor peso la defensa cerrada de las posiciones que queremos sostener que los datos auténticos y las realidades verificables. Si, por defender un argumento, recurrimos a medias verdades o a mentiras descaradas, acabaremos perdiendo rigor intelectual y, con él, capacidad para resolver los problemas con eficacia. Y si hago referencia a ello es porque es un mal tan generalizado que acaba viciando cualquier debate económico serio… Otros lunes, iremos trayendo ejemplos parecidos…

jueves, 21 de junio de 2012

¿HAY QUE RESCATAR A LA BANCA?




Hoy, vamos a terminar (de momento) con la serie de entradas que ha estado centrada en la operación de rescate de la banca española. Para finalizarla, vamos a entrar en una polémica que ha suscitado muchos comentarios en los últimos tiempos y que no ha sido respondida adecuadamente por quienes tienen que hacerlo (básicamente, los responsables de la política económica y de los bancos centrales): ¿es forzoso y necesario rescatar a entidades financieras con problemas?¿O es preferible dejarlas caer sin comprometer recursos públicos en su salvación?

Como hay diversas posturas respecto a la cuestión, vamos a empezar explicando cómo hemos llegado al actual sistema de supervisión y protección de la actividad bancaria que existe en la mayoría de los países avanzados. Y dicho sistema tiene su origen, esencialmente, en la Depresión de 1929.

Para entender el shock que representó la Gran Depresión, hay que comparar las tasas de variación del PIB en esa época con el actual ciclo recesivo. Así, en el período 1930-1938, en 1930 el PIB en términos reales en Estados Unidos cayó el 8,6%, en 1931 el 6,5%, en 1932 el 13,1% y en 1933 el 1,3%. A pesar de la vigorosa recuperación en los años que van de 1934 a 1937, en 1938 volvió a caer un 3,4%:



(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada) 

                         Fuente: U.S. Bureau of Economic Analysis

En la crisis actual, el PIB de Estados Unidos experimentó una caída del 0,3% en 2008 y en 2009 del 3,5% y no ha vuelto a experimentar tasas negativas de variación ni en 2010 ni en 2011:



(Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada) 

                         Fuente: U.S. Bureau of Economic Analysis


Se ha discutido mucho sobre las causas que llevaron al colapso productivo en los años 30, pero hay dos que centran la atribución de culpas por todos los expertos: una, la ausencia de los mecanismos de protección social que hoy conocemos como Estado del Bienestar; la otra, sobre la que hay mayor consenso, la quiebra masiva de entidades bancarias. John Kenneth Galbraith, que, como es conocido, mantuvo frecuentes polémicas con Milton Friedman no dudó en citar a este último cuando, en su obra El dinero, explicó lo sucedido en el crash del 29. Como creo que no podría explicar mejor que Galbraith lo acontecido, voy a transcribirles un amplio pasaje que es lo suficientemente ilustrativo:

En los cuatro años siguientes a 1930 más de nueve mil bancos y banqueros mordieron el polvo.

La quiebra de un banco no es una desgracia como otras en el campo de los negocios. Como observó el profesor Friedman, produce, no uno, sino dos efectos adversos en la actividad económica. Los propietarios pierden su capital y los depositantes sus depósitos por lo que ambos pierden su capacidad para comprar cosas. Pero la quiebra del banco (o el miedo de que quiebre) –el subrayado es mío- significa también una mengua en la oferta de dinero. No hay ningún misterio en esto. Un banco próspero hace préstamos y, en consecuencia, crea depósitos que, a su vez, son dinero. Un banco que teme quebrar restringe sus préstamos y con ello sus depósitos. Y el que ha quebrado liquida sus créditos, y sus depósitos congelados dejan de ser dinero. La liquidación repercute también en las reservas, préstamos, depósitos y, por ende, en la oferta de dinero de otros bancos –el subrayado vuelve a ser mío-.

Como se ha observado, al producirse un pánico en el siglo pasado –se refiere al siglo XIX-, se hundían sobre todo los bancos pequeños de los Estados. (…) Recordando más tarde una reunión de banqueros en 1931, para discutir la creciente ola de quiebra de bancos, George L. Harrison a la sazón gobernador del Banco de Reserva Federal de Nueva York, observó que «muchos de (…) Wall Street teníamos la impresión de que los efectos de la quiebra de […] pequeños bancos de la comunidad podían ser aislados». Pero la cosa se puso seria, siguió diciendo, cuando se evidenció que los grandes bancos de Nueva York podían verse también afectados por el creciente pánico.” (Ídem respecto a este último subrayado).

Hay unas cuantas ideas que hay que extraer de este pasaje:

1.- La primera es que los bancos, como cualquier empresa, están sometidos al riesgo de quiebra o de insolvencia. Un banco no tiene nada especial que haga imposible una situación de colapso. Una mala gestión que provoque la pérdida de un porcentaje importante de inversiones realizadas o un nivel de costes sistemáticamente por encima del de ingresos puede llevar a que su actividad sea inviable.

2.- La segunda es que la situación de quiebra de una entidad bancaria tiene efectos mucho más profundos y perniciosos que el de una empresa de cualquier otro tipo. La quiebra de un banco produce la destrucción de la cantidad de dinero representada por sus depósitos y, lo que es más grave, acaba repercutiendo adicionalmente en la cantidad de dinero en circulación en la medida en que afecta a la situación de equilibrio de otros bancos.

3.- Aunque en situaciones de crisis poco severas, son los bancos pequeños los que pueden ser más afectados por posibles situaciones de quebrantos patrimoniales serios, cuando las crisis son más agudas, el efecto transmisión de las quiebras bancarias puede alcanzar a las entidades de mayor volumen sin que la mayor dimensión sea un mecanismo protector relevante.

Todo ello llevó a la adopción de una serie de medidas en Estados Unidos, durante la Administración Roosevelt, que sirvió de inspiración para el resto de países occidentales. La fundamental, la creación de la Federal Deposit Insurance Corporation (FDIC), agencia encargada de asegurar los depósitos de los clientes de entidades bancarias, en caso de quiebra de las mismas (al menos, hasta una cantidad máxima). Por otro lado, en la Glass-Steagall Act (aparte de la creación de la FDIC), se procedió a la separación entre banca comercial (centrada, básicamente, en el pequeño cliente y en productos financieros de corte tradicional, tanto desde el punto de vista de depósitos como de créditos) y banca de inversión (orientada a operaciones mayoristas, de gran volumen, en los mercados de valores y en productos financieros de mayor complejidad).

Con ello, nació, como contrapartida a la seguridad ofrecida a los depositantes, y con el fin de impedir las situaciones derivadas del “riesgo moral”, un sistema de supervisión para comprobar que la gestión de cada entidad bancaria se desenvolviese dentro de unos cánones ortodoxos. ¿Qué es el “riesgo moral”? Muy sencillo: si los clientes de un banco no van a perder su dinero, existen incentivos para que coloquen sus ahorros en entidades con mayor riesgo a cambio de un mayor tipo de interés porque, de cualquier modo, no hay posibilidad de que sufran ningún tipo de quebranto. Igualmente, quienes dirigen las entidades financieras estarán más predispuestos a ejecutar políticas de mayor riesgo porque, en última instancia, no corren peligro los recursos de sus clientes…

Así, el seguro para los depósitos y la supervisión bancaria se convirtieron en instrumentos fundamentales de los gobiernos para evitar crisis bancarias explosivas que desestabilizaran las economías. Junto a ello, las intervenciones puntuales de las autoridades para, en situaciones de dificultades de una entidad, buscar soluciones dentro del propio sistema financiero (mediante, p. ej., la compra de la entidad en dificultades por una entidad sana) y, de este modo, evitar el consumo de recursos por parte del fondo de garantía, cerraban el círculo del conjunto de medidas a favor de la estabilidad financiera.

En España, en la época contemporánea, también se han producido varias crisis bancarias de gran calado. La primera, estalló en el año 1866 y provocó la desaparición de la mitad de las entidades creadas bajo el amparo de la Ley de Bancos de Emisión y la Ley de Sociedades de Crédito, ambas del año 1856. La segunda, relacionada con los efectos de la crisis de 1973, y que afloró a partir de la intervención del Banco de Navarra de 1978 y que llegó a su punto culminante con los graves problemas de los bancos del grupo Rumasa en 1983, desembocó en el actual sistema de regulación bancaria, con la creación de los Fondos de Garantía de Depósitos (FGD), con funciones similares al FDIC norteamericano, y de todo el sistema de supervisión centralizado en el Banco de España. La tercera, es la que estamos padeciendo en la actualidad.

Por todo lo explicado, una quiebra de un banco, por el tipo de negocio que es, produce efectos negativos que van mucho más allá del daño causado a sus accionistas y depositantes. Contrae la oferta monetaria, agudizando las consecuencias de una recesión; aumenta la desconfianza en el sistema bancario global, por lo que aumentarán las preferencias de dinero en efectivo frente al dinero depositado en entidades financieras, contrayendo igualmente la oferta monetaria por las menores disponibilidades crediticias; la mera desconfianza alimenta las posibilidades de que se produzca una situación de pánico que lleve a una fuga masiva de depósitos y a una quiebra en cascada de entidades... Y, además, hay que señalar un hecho que, por obvio, pasa frecuentemente inadvertido: en la medida en que existe una garantía pública para los depósitos efectuados por los clientes, ya existen unas obligaciones financieras latentes para el Estado que han de ser gestionadas de forma que sean lo menos gravosas posibles. Si una quiebra provoca que los recursos destinados a cubrir dicha garantía sean irrecuperables, el diseño de operaciones de capitalización y de presencia temporal del Estado en el capital de los bancos problemáticos, con posibilidad de recuperación a posteriori de los recursos aportados, parece una estrategia más inteligente.

Por todo ello, el evitar una quiebra bancaria es, salvo en el caso de entidades muy pequeñas, que manejen un bajo nivel de recursos, estrictamente necesario. No se puede negar que, a partir de 2007, se ha podido comprobar que los mecanismos de supervisión existentes son manifiestamente mejorables y que, en más de un caso, se ha podido actuar con mayor eficacia y diligencia. Pero, a pesar de que el manejo de la situación por parte de los responsables de la política económica ha estado muy lejos de ser satisfactoria, también hay que reconocer que, siendo esta una crisis similar a la del 29, sus efectos no han sido tan graves como los de aquella. Y, en este hecho, el impedir quiebras bancarias masivas ha tenido un papel decisivo.

Todo ello no es óbice para que, cuando una operación de salvamento tiene lugar, se produzcan una serie de consecuencias claras y contundentes:

1.- Depuración de responsabilidades para destituir a los directivos de la entidad con problemas y para ejercer la acción punitiva en el orden que corresponda (mercantil, administrativo, penal...) por los errores de gestión cometidos. Cunde la percepción entre la opinión pública de que los responsables de la mayoría de los desastres financieros acaecidos durante la presente crisis no sólo no han sido objeto de ningún tipo de sanción, sino que, incluso, tras su cese, han obtenido pingües beneficios que no se sostienen en una gestión correctamente realizada. Y que haya sanciones tajantemente ejemplarizantes, es un mecanismo esencial para impedir las situaciones de “riesgo moral” antes aludidas.

2.- Evaluación del sistema de supervisión y de la normativa bancaria para comprobar si han funcionado correctamente o hay aspectos de los mismos que deben ser revisados y modificados en función de nuevas circunstancias. Uno de los aspectos más sorprendentes de la crisis que afecta a nuestro país es que no se ha aprobado ninguna reforma que impida que se pueda repetir una situación similar... Cuando se produzca la recuperación económica, no se ha aprobado ningún obstáculo (y cuando digo ninguno, digo ninguno) para dificultar una nueva burbuja inmobiliaria financiada por nuestros bancos... Con el agravante de que, al ser las entidades supervivientes de mayor dimensión, será bajo esa hipótesis mucho más difícil afrontar un rescate de algún banco en apuros... Revisar los métodos de tasación de inmuebles, limitar las posibilidades de titulización de la banca comercial, controlar el peso de las operaciones hipotecarias en los balances de las entidades y mejorar los procedimientos de supervisión del Servicio de Inspección del Banco de España son pasos fundamentales que habrá que dar más pronto que tarde para que nuestro sistema financiero sea más seguro y pueda proporcionar una mayor confianza en el futuro inmediato.

martes, 19 de junio de 2012

EL LARGO (DEMASIADO LARGO) VIAJE DE LA BURBUJA AL SANEAMIENTO (*)



Revisando distintos temas implicados en la operación de rescate de la banca española, hasta ahora hemos visto las características de la operación y la inadecuada estructura de la Unión Europea para anticiparse a las circunstancias, lo que provoca que vaya a remolque de las mismas. 

Hoy, vamos a revisar los datos aparecidos sobre el sistema financiero y que han llevado al diseño de la operación citada.

La curiosa espoleta que ha disparado la desconfianza en el sistema financiero español y, en última instancia, en toda nuestra economía ha sido el modo en que se ha hecho la nacionalización de BFA-Bankia.

Lo primero que habría que explicar es por qué llamo “curiosa” a la espoleta que ha dado lugar a los últimos acontecimientos. Resulta sorprendente la perplejidad que ha producido ante la intervención de la entidad presidida por Rodrigo Rato, cuando las dos principales Cajas que integraban el proyecto Bankia (Caja Madrid y Bancaja) llevaban varios ejercicios mostrando resultados preocupantes. Aunque la situación de Bancaja había sido aireada en los medios de comunicación frente a la visión más positiva que se ofrecía de Caja Madrid, esta última presentaba unos datos de morosidad y caída de beneficios que hubieran debido poner en alerta a cualquier analista un poco avezado. Veamos, brevemente, algunos antecedentes:

1.- 7 de abril de 2009.- Se hace público que la morosidad en algunas titulizaciones hipotecarias de Caja Madrid alcanzaba el 15%: http://www.cotizalia.com/cache/2009/04/07/noticias_60_morosidad_algunas_titulizaciones_hipotecarias_madrid_alcanza.html.

2.- 21 de abril de 2009.- En esa fecha, a pesar de que los resultados de Caja Madrid parecían satisfactorios, la morosidad ya alcanzaba el 5,57%: http://www.cotizalia.com/cache/2009/04/21/noticias_29_madrid_millones_hasta_marzo_morosidad_elevo_hasta.html.

3.- 21 de julio de 2009.- Los datos del primer semestre de 2009 muestran las primeras señales de preocupación. Aunque la morosidad se mantiene en el 5,55%, el beneficio neto atribuido cayó en un 46.9% debido, principalmente, al aumento de provisiones: http://www.cotizalia.com/cache/2009/07/21/noticias_28_madrid_57566_millones_hasta_junio_menos_morosidad.html.

4.- Tercer trimestre de 2009.- Caja Madrid realiza en este período dos operaciones con el fin de poder contabilizar plusvalías. Por un lado, realizó una operación de “sale & lease back”, es decir, de venta y posterior alquiler, de 300 sucursales: http://www.cotizalia.com/cache/2009/10/02/noticias_36_caja_madrid_venta_oficinas.html. Por otra parte, también puso a la venta su 2,9% en Bankinter: http://www.cotizalia.com/cache/2009/10/23/noticias_27_madrid_vendera_bankinter.html.

5.- 19 de enero de 2010.- Se anuncian los resultados de 2009 de la entidad y los mismos presentan una caída del 68,4% en relación al anterior ejercicio: http://www.libertaddigital.com/economia/caja-madrid-gana-265-millones-de-euros-en-2009-1276381924/. Sorprende que, al final del período, la morosidad fuera del 5,4%, es decir, que la misma apenas hubiera crecido a lo largo de un año de crisis como fue el 2009. ¿Contención o refinanciaciones para evitar afloramientos de operaciones con dificultades de pago?

6.- 29 de julio de 2010.- En esta fecha, tras la primera “fusión fría” de Caja Madrid con Caixa Laietana, Caja Insular, Caja Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia, y con Rodrigo Rato ya como presidente, se anuncia que en el primer semestre de 2010, la entidad ha reducido su beneficio neto en un 66%: http://www.cotizalia.com/noticias/madrid-millones-hasta-junio-menos-destinar-20100729-55855.html.

Como apreciamos, Caja Madrid ya tenía problemas antes de su posterior fusión con Bancaja. Y esta fusión con una caja también con problemas ha llevado, finalmente, a su nacionalización. Que los datos previos que alertaban de este hecho no tuvieran repercusión en los medios de comunicación ni que, tras la intervención, se hayan remarcado lo suficiente, no sé si se debe a la ignorancia o al interés por no hablar de determinadas cosas…

Lo cierto es que, una vez producida la nacionalización de BFA-Bankia, el nuevo presidente, José Ignacio Goirogolzarri ha hablado de unas necesidades de recursos públicos de 19.000 millones de euros adicionales a los 4.465 millones procedentes de la capitalización concedida en su día por el FROB. Todavía está pendiente que, desde el Gobierno, se confirme o no que esta va a ser la inyección final de capital ya que se han barajado varias cifras sin que ninguna haya recibido aún el visto bueno gubernamental.

Esta indefinición junto a la falta de concreción del método de recapitalización de la entidad financiera intervenida ha sido uno de los detonantes de la subida de la prima de riesgo española y la aprobación de la operación de rescate de la banca española. Pero conocer lo que hay tras el baile de cifras del que estamos siendo testigos nos servirá para comprender los motivos de preocupación que se han agudizado en torno a España. Para ello, les recomendaría que, primero, leyeran el siguiente enlace, donde se recoge un resumen del análisis que el economista Alberto Recarte, quien, en su día, también fue consejero de Caja Madrid,  hace de la cifra presentada por el nuevo presidente de Bankia: http://www.esradio.fm/2012-05-28/recarte-el-agujero-no-conocido-de-bankia-es-de-7000-millones-no-23000-1276459763/.

Desmenucemos ahora los números y centrémonos en un par de detalles de importancia:

1.- Como ya hemos dicho en varias ocasiones, por un lado, pasaría a ser capital el préstamo de 4.465 millones de euros que el FROB concedió a Banco Financiero y de Ahorros (BFA), la matriz de Bankia.

2.- Por otro lado, en virtud de los Reales Decretos-Ley 2/2012 y 18/2012, el grupo BFA-Bankia necesita realizar provisiones por un total de 9.000 millones de euros. Para completar estas provisiones, podían tomarse los beneficios de los 2 próximos ejercicios para llegar al nivel establecido por la nueva normativa. La duda es si la entidad va a generar los resultados positivos suficientes para alcanzar dicha cifra. En caso de que las previsiones no apuntaran a favor de este hecho, los citados Reales Decretos preveían la inyección de recursos públicos para constituir el “colchón de seguridad” que las mencionadas provisiones iban a constituir. Que el nuevo presidente de Bankia incluya en la cifra estimada el importe de las provisiones, parece certificar que los resultados de la entidad en los 2 próximos años no van a ser muy favorables. Subrayemos esta circunstancia, porque otro dato posterior que analizaremos parece confirmarla.

3.- Hay que añadir que el nuevo presidente de Bankia también comunicó que había que imputar unas pérdidas latentes de 1.000 millones de euros por la caída en bolsa del valor de Iberdrola, de la cual la entidad financiera tenía el 3,7% a 31 de diciembre de 2011 (según las cuentas anuales de dicho ejercicio de BFA).

4.- Otros dos mil millones de euros corresponden a créditos fiscales que serían eliminados del balance de BFA, es decir, de la matriz de Bankia. Parémonos en este punto porque esto tiene más enjundia de la que los medios le han concedido. Un crédito fiscal surge cuando, por pérdidas de ejercicios anteriores, surge el derecho ante Hacienda de compensarlas con beneficios futuros en la base imponible del Impuesto de Sociedades. La condición para que un crédito fiscal pueda aparecer como activo en el balance es que la compañía espere, razonablemente, que va a obtener beneficios en el futuro. Si no hay expectativas de obtención de beneficios, dichos créditos fiscales no podrían figurar, en ningún caso, como activo del balance (ya que, obviamente, no habría partida con la cual compensarlos). Es decir, si la nueva dirección de Bankia ha planteado la desaparición de los créditos fiscales y su consiguiente saneamiento es que tiene dudas mínimamente fundadas sobre una futura generación de beneficios por parte de BFA que sirvan para que pérdidas de ejercicios anteriores sean compensadas (y hay que tener en cuenta que había 18 años por delante para poder completar la compensación de dichos créditos fiscales). Todo ello sólo sirve para alimentar las sospechas que aparecían en el punto 2. Y, evidentemente, el analista que profundice en esta cuestión no sólo se va a preocupar por el caso concreto de BFA-Bankia, sino que acabará temiendo que sea un ejemplo extensible a otras entidades.

5.- Finalmente, quedarían 7.000 millones de euros (hasta completar los 23.465 millones de euros), sobre los que no se habría dado ninguna explicación por parte de la nueva dirección de la entidad.

A esta confusión en torno a las cifras del saneamiento final, se suma el hecho de que tanto la entidad matriz (BFA: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/28/economia/1338216412.html) como la entidad filial (Bankia: http://www.elconfidencial.com/economia/2012/05/25/bankia-reconoce-que-no-gano-309-millones-en-2011-perdio-mas-de-3000-98749/) han pasado a registrar pérdidas después de una primera presentación de resultados (antes de la intervención) en la que ambas entidades obtenían, teóricamente, cifras mucho más favorables.

A día de hoy, está pendiente de determinar la cuantía final del saneamiento a efectuar y el procedimiento que se va a utilizar… Así están las cosas respecto a este punto.

A partir de la situación derivada de la intervención de Bankia, el aluvión desordenado de noticias aparecidas sobre el sistema financiero español no ha hecho más que agravar la incertidumbre sobre nuestra economía. Por un lado, estaba la noticia de que Catalunya Caixa, Novacaixa Galicia y Banco de Valencia necesitan una inyección de recursos públicos de 30.000 millones de euros, aparecida en el diario EL MUNDO con fecha 28 de mayo de 2012. El día 29 de mayo, aparecieron las primeras estimaciones sobre la cuantía de los saneamientos a realizar si el criterio utilizado para Bankia se extendiera a todo el sistema financiero español y la misma se elevaba a 60.000 millones de euros (http://www.elconfidencial.com/economia/2012/05/29/el-sector-necesitara-otros-60000-millones-en-provisiones-si-aplica-el-estandar-de-bankia-98871/). El 7 de junio, se filtra (como medida de presión hacia España, según las malas lenguas) el informe que ha preparado el FMI sobre la situación de la banca y en él se afirma que nuestro sistema financiero y en él se afirma que se necesitan 40.000 millones de euros para terminar de sanearlo (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/07/economia/1339072192.html). El 8 de junio, se hace pública la estimación de Standard & Poor’s y coincide con la estimación del FMI, es decir, 40.000 millones de euros (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/08/economia/1339121324.html). Y así, con una enorme tensión en los mercados y una gran presión hacia nuestro país, el 9 de junio se aprobó, finalmente la operación de rescate de nuestra banca.

A pesar de ello, y a pesar de que el resultado de las elecciones griegas fue favorable para las fuerzas europeístas partidarias de mantener su país dentro de la moneda única, la prima de riesgo ha seguido manteniéndose en niveles record. Que toda la confusión y falta de transparencia de la que hemos estado hablando en las últimas entradas de nuestro blog ha influido, es evidente. Pero también influyen noticias e informaciones que van circulando a nivel internacional, que no tienen eco en España, que desde aquí no se están desmintiendo y que han hecho mella en el ánimo de analistas e inversores. ¿Qué informaciones son? Pues en Zero Hedge, p. ej., se estima que el sistema financiero español necesita 44.000 millones de euros: 19.000 millones de euros para Bankia y 25.000 millones para otras entidades, entre las que se incluyen La Caixa, Banco Santander, Banco Popular, BBVA, BANESTO y BANKINTER (http://www.zerohedge.com/news/imf-begins-spains-schrodinger-bail-out). Y Roberto Centeno, en El Confidencial, el pasado 18 de junio, se hizo eco, por un lado, de un editorial de The New York Times, en el cual se afirmaba que España necesitará de un segundo rescate y, por otro lado, de un informe de Barclays en el que elevaba las pérdidas de todo el sistema financiero español a 210.000 millones, correspondiendo 38.000 millones a Banco Santander y BBVA (http://www.cotizalia.com/opinion/disparate-economico/2012/06/18/la-deuda-es-ya-insostenible-espana-necesita-una-quita-7148/). ¿Por qué no se desmienten todos estos extremos, que explican, en gran medida, lo que está pasando con nuestra prima de riesgo? Posiblemente, porque se prefiere no dar pábulo a estas informaciones y se prefiere, en el lado interno, apostar por la calma de la anestesia colectiva y, en el ámbito internacional, jugar la carta de que somos “too big to fail”, es decir, demasiado grandes para caer por los efectos que ello tendría sobre la economía mundial.

Y así, vamos tirando, con la economía en caída libre, el desempleo en aumento y la incertidumbre en su máximo apogeo… 

En nuestra próxima entrada, para terminar esta serie sobre el rescate a la banca española, vamos a analizar si es conveniente o no salvar a los bancos o si sería mejor dejarlos caer…

* * *

Como nueva prueba que alimenta lo que llamé, en la anterior entrada, mi “brusescepticismo”, les adjunto esta noticia. Y es seria, no es ninguna broma:




(*) El título de esta entrada está inspirado por la obra El largo viaje del día hacia la noche (1941) del dramaturgo estadounidense Eugene O´Neill (1888-1953), ganador del Premio Nobel en 1936.