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martes, 31 de julio de 2012

QUO VADIS, MICROSOFT


El pasado 20 de julio, se hacía público que, por primera vez desde 1986, Microsoft había presentado pérdidas en su actividad (http://www.libremercado.com/2012-07-20/microsoft-registra-sus-primeras-perdidas-trimestrales-desde-1986-1276464315/ ). En el cuarto trimestre de su ejercicio fiscal, la empresa de Redmond declaró unos resultados negativos de 492 millones de dólares, frente al beneficio de 5.784 millones de dólares del mismo período del año anterior. La causa fundamental de estas cifras radicaría en el impacto negativo derivado de la adquisición de la compañía de marketing digital aQuantive (realizada en agosto de 2007 por un importe aproximado de 6.300 millones de dólares). Microsoft habría contabilizado 6.200 millones de dólares por depreciaciones en el valor de su negocio on line, relacionadas, en su mayor parte, precisamente, con la actividad de aQuantive. A pesar de ello, los ingresos de la compañía han vuelto a batir su record anterior, alcanzando los 18.000 millones de dólares. Las divisiones de servidores y las de herramientas empresariales y de negocio (con el paquete Office a la cabeza) son las más positivas para la empresa. Como elementos negativos, se mencionan el freno de ventas de PC y, según se desprende de lo dicho con anterioridad, el mal comportamiento de la división on line.

El momento en que se produce esta presentación de resultados no puede ser más significativo: en pleno combate por el triunfo o no de la nube como sistema de custodia de ficheros (es decir, la posibilidad de prescindir del archivo físico y utilizar, en su lugar, un archivo virtual externo al propio equipo) y en plena efervescencia por la aparición de tabletas que buscan consolidarse como dispositivos estándar y con varios modelos disputando el liderazgo. Esta segunda pugna está íntimamente relacionada con la primera, en la medida en que Apple (que ha sido la compañía que ha impulsado el mercado de las tabletas con los iPad) ha apostado claramente por la nube como sistema de archivo y sus dispositivos están orientados hacia ese modelo.

En dicha coyuntura, Microsoft ha presentado Surface (http://www.fayerwayer.com/2012/06/ya-puedes-ver-la-presentacion-completa-del-microsoft-surface-en-video/  y http://www.genbeta.com/movil/la-misteriosa-presentacion-de-microsoft-trajo-una-tablet-con-nombre-conocido-surface), la tableta con la que piensa imponer su dinámica en este singular combate (este dispositivo que saldrá a la venta, probablemente, en octubre ya tiene web propia:  http://www.microsoft.com/surface/en/us/default.aspx ).








Resulta bastante obvio que si la empresa fundada por Bill Gates ha llevado a pérdidas toda su inversión en aQantive, la conclusión elemental a extraer es que Surface no va a explotar todos los servicios que dicha firma podría ofrecer a través de la nueva tableta. De hecho, que Surface parezca ofrecer la posibilidad de convertirse en un pequeño portátil nos lleva a pensar que el propósito de Microsoft es conseguir que todo el mercado gire en torno a la concepción tradicional que, de la informática, siempre ha mantenido el gigante de Redmond: Windows como sistema operativo (en relación a Surface, su última versión, el Windows 8), archivo físico, productos para todo el mercado y todo tipo de clientes y no sólo para segmentos específicos…

Por todo ello, este otoño-invierno puede tener lugar la batalla decisiva para determinar qué papel van a jugar los gigantes de la informática en el tablero de ajedrez del sector. En el fondo, qué bocado del pastel van a poder llevarse, fundamentalmente, Google y Apple de los cambios que se están produciendo y si van a poder desbancar del liderazgo global a Microsoft o si este va a verse seriamente quebrantado en el futuro inmediato.

Google busca ser la gran alternativa a Microsoft. Su sueño sería que su sistema operativo Android se convirtiera en el estándar, que sus servicios en línea (Gmail, Google Docs, Google+, Google Chrome como navegador, Blogger, You Tube) fueran la base operativa para la gran mayoría de los usuarios y que la nube pasara a ser la modalidad de archivo básica. Sabe que eso sólo puede materializarse a largo plazo, pero en ello está y eso explica que haya decidido entrar en la batalla de las tabletas con Nexus 7, la cual se venderá a un precio de 199 euros (http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2012/06/27/es-la-guerra-google-entra-en-el-negocio-de-las-tablets-con-nexus-7-por-solo-199-dolares-2661/ ), dispositivo que puede ser una especie de “caballo de Troya” en el camino hacia el triunfo de su modelo. El gran problema de Google: los temores y recelos que genera la enorme cantidad de información que dispone de sus usuarios y clientes y que ya la está llevando a batallas administrativas y judiciales de cierta envergadura (como se puede ver en http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/07/navegante/1336410625.html o en http://www.elmundo.es/elmundo/2010/02/09/navegante/1265708281.html ).








La posición de Apple es distinta. Si en los 80 fue la firma que revolucionó el mundo de la informática, el triunfo de Microsoft la obligó a convertirse lo que se denomina (en expresión poco afortunada) un jugador de nicho, es decir, en una empresa que dirige su producto o servicio a segmentos muy concretos del mercado, tradicionalmente usuarios tecnoadictos o muy preocupados por la calidad de la imagen (arquitectos, diseñadores gráficos, dibujantes…). Sobre esta base, y tras la reincorporación del fundador de la compañía, Steve Jobs, en el año 1997, amplió su público potencial con la invención del iPod, el iPhone y el iPad y la apertura de la tienda de música on line iTunes. Aunque está en mejores condiciones que hace unos años para convertirse en el líder del mercado, no está claro que esa sea la intención de Apple. Aunque el éxito de sus dispositivos puede generar por sí mismo, un aumento sustancial de su cuota de mercado, no es evidente que la estrategia de la compañía se oriente hacia la obtención de una posición de liderazgo global.







Por todo lo dicho, la batalla parece estar centrada entre Google y Microsoft. Microsoft aventaja a Google en cuanto a dominio de las sucesivas versiones de Windows como sistema operativo, del paquete Office y del software de gestión Navision. Google saca la delantera a Microsoft en todo lo relativo a los servicios on line. El buscador de Google mantiene una distancia sideral con Bing, el buscador de Microsoft. El navegador de esta última, el Internet Explorer, cede terreno a pasos agigantados ante el navegador de Google (el Chrome) y ante el Firefox (http://www.libertaddigital.com/internet/firefox-35-ya-es-el-navegador-mas-usado-1276379745/ ). Aunque Microsoft y Yahoo! llegaron a formalizar, en julio de 2009, una alianza para hacer desaparecer ese dominio abrumador en la red (http://www.libertaddigital.com/internet/la-alianza-entre-yahoo-y-microsoft-crea-un-coloso-aun-por-detras-de-google-1276366432/ ), es obvio que los objetivos de la misma han quedado lejos de su propósito.

En resumen, a partir del lanzamiento de Surface y de la nueva versión del sistema operativo de Microsoft (el Windows 8) y de la conversión del correo tradicional on line de Microsoft (Hotmail) en Outlook.com (según se ha anunciado en el día de hoy: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/31/navegante/1343752464.html), a lo largo del año 2013 vamos a ver, con toda seguridad, la batalla final entre estas dos compañías. Y será la hora de dilucidar el gran misterio: si Microsoft iniciará el camino de su decadencia o si será capaz de reinventarse, adaptando sus productos a los cambios que han tenido éxito en los últimos años. En los próximos meses, tendremos la respuesta: o cambio radical del paradigma (con Google como nuevo líder), o simple modificación dentro del paradigma dominante (con renovación del liderazgo de Microsoft)… Nos esperan momentos emocionantes…


lunes, 30 de julio de 2012

SOBRE PRECIOS Y SALARIOS




En nuestra primera entrada del blog, allá por diciembre de 2010 (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2010/12/el-vuelo-de-icaro_22.html), publicábamos el siguiente gráfico, en el que nos basábamos para afirmar que la gran caída del PIB y el gran aumento del desempleo no se debían, fundamentalmente, a un comportamiento radicalmente distinto de nuestros precios y salarios de la media de la UE:




Fuente: Banco de España


Una noticia aparecida en www.vozpopuli.com el pasado 29 de julio venía a insistir en el mismo punto (http://vozpopuli.com/economia/12354-espana-pierde-nivel-de-vida-los-salarios-han-crecido-la-mitad-que-los-precios-en-la-ultima-decada). Su titular era: “España pierde nivel de vida: los salarios han crecido la mitad que los precios en la última década”. Con dos simples datos, podemos hacernos una idea clara de las diferencias entre España y Alemania:

1.- Desde la entrada del euro, el IPC ha avanzado alrededor de un 30%, mientras que los sueldos sólo han crecido una media del 15%.

2.- En Alemania, según el estudio “Alemania en cifras 2012”, elaborado por el Instituto de la Economía Alemana, salarios y precios han seguido una evolución muy similar (45% de incremento de los salarios, frente a un 43% de aumento de los precios).

A la luz de esta información, ¿podemos simplificar los problemas que padece España afirmando que los aumentos salariales nos han hecho perder competitividad?¿Podemos reducir la cuestión a llevar a cabo, desde la política económica, un proceso de deflación de precios y salarios (tal como describimos en una entrada anterior: http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/el-gran-recorte-no-me-llames-rescate_17.html), con el fin de restaurar nuestra competitividad?

Es obvio que la respuesta a ambas preguntas es NO. Está claro que hay factores en nuestra economía que empujan a los precios por encima de los incrementos salariales. (Sin perjuicio de que en sectores o actividades concretas, el nivel salarial sea insostenible para generar una rentabilidad razonable en las condiciones actuales de mercado). Y, adicionalmente, por ello mismo, no estaría claro que una reducción salarial produjera una caída del índice de precios de la misma cuantía.

Ya en la obra Problemas económicos españoles en la década de los 90 (coordinada por el profesor Enrique Fuentes Quintana y publicada por Galaxia Gutenberg en el año 1995), se indicaba (a partir de la página 151):

“Se ha afirmado, con fortuna y con verdad, que las dos propiedades más destacadas de nuestra inflación son las que se derivan de su doble carácter diferencial (con la de los países de la UE) y dual, que registra el comportamiento diferente entre el componente de los precios de los servicios y de los bienes comercializables de la industria. Esa dualidad está causada (…) por la capacidad de ciertos y fundamentales servicios de trasladar a sus precios aumentos de coste, con independencia de su productividad, contando con el dominio de estos sectores de sus mercados, cerrados a la comercialización exterior y a las competencias interna y externa. (…) Los efectos de ese comportamiento no sólo son un motor de la inflación, sino que se dispersan en distintas direcciones y todas ellas negativas (…) pues dañan la competitividad de la industria, reducen la eficiencia económica y limitan las posibilidades de empleo.

Por todos esos motivos, las reformas estructurales tendentes a implantar la liberalización y la competencia en los mercados de servicios constituyen un cambio estructural de la mayor importancia (…). Las listas ofrecidas por el Tribunal de Defensa de la Competencia han seleccionado los principales sectores que deberían polarizar la atención social y política: el de los transportes (con logros importantes (…) en el transporte aéreo, pero con reformas pendientes (…) en el transporte ferroviario), en las telecomunicaciones (…), en el sector de la energía eléctrica (…), en el mercado del suelo (…), en el sector de las profesiones (…), en los monopolios locales (en los que no se ha logrado remover los obstáculos de ciertos servicios a la competencia, como los funerarios o los de transportes urbanos), en el del comercio (…) y en otros sectores (entre los que destacan las farmacias, puertos, cines y distribución de carburantes)…”

Si exceptuamos la telefonía móvil, todas las demás actividades que se mencionaban hace 17 años siguen pendiente de reformas liberalizadoras efectivas y no meramente formales. ¿Cuál es el problema? Evidentemente, el poder de presión de grandes corporaciones y lobbies bien organizados que impiden cualquier cambio que fomente la competencia en sus sectores respectivos. Partiendo de este punto de vista, no resulta razonable emprender un proceso de deflación de salarios con el fin de proteger los márgenes de las grandes empresas y de los sectores que tienen una capacidad de presión de la que carece el resto del sistema económico. Como ya vimos (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/el-gran-recorte-no-me-llames-rescate_1197.html), la existencia de una dualidad respecto a los márgenes y resultados de distintas compañías y entidades, es algo fácilmente comprobable y verificable.

En definitiva, es necesario que la política económica se desarrolle a partir de una más amplia perspectiva y no con la estrechez de miras con la que se está llevando a cabo. El camino que tenemos por delante será largo y difícil y no se trata sólo de emprender un ajuste coyuntural sino de hacer reformas profundas en nuestra economía, removiendo piezas que pretenden ser inamovibles y que, en realidad, sólo son un lastre para la auténtica solución de nuestras problemas.

miércoles, 25 de julio de 2012

EL GRAN RECORTE: NO ME LLAMES RESCATE, LLÁMAME LOLA… (y VII)


Como hemos estado explicando en anteriores entradas, los errores cometidos por el nuevo Gobierno desde diciembre de 2011, en cuanto a no identificar las prioridades esenciales que había que afrontar para mejorar nuestra situación económica (retrasando el saneamiento definitivo del sistema financiero y no afrontando la eliminación de partidas del gasto público escasamente eficaces) y a adoptar decisiones de difícil justificación (como la subida del IRPF y las modificaciones introducidas en el Impuesto de Sociedades), se vieron agravados por la intervención de BFA-Bankia durante el pasado mes de mayo. Las dudas que esta intervención suscitó sobre el estado real de todo nuestro sistema financiero agravaban, indirectamente, las dudas sobre la propia Hacienda Pública ya que, en última instancia, el Estado es el garante final de la solvencia de dicho sistema.


Ello provocó que el Gobierno tuviera que pedir a la Unión Europea asistencia financiera a la Unión Europea para poder acudir al rescate de nuestras entidades bancarias. Como consecuencia de la aprobación de la operación, la contrapartida exigida ha sido un programa de recortes por parte del Gobierno, que incide en estimular un proceso de deflación de precios y salarios en nuestro país, con el fin de restaurar su competitividad. Adicionalmente, se esboza un proceso en el cual se quiere potenciar el turismo (y modalidades del mismo poco presentes en nuestro país) para retomar la senda de crecimiento en el futuro.

Mi postura es que, en la medida en que todo proceso de deflación de precios y salarios no sólo no es automático, sino que es difícil encontrar ejemplos de éxito en el pasado, y que la opción de fomentar un sector con escaso potencial de crecimiento de la productividad no va a aportar grandes crecimientos del nivel de vida en el futuro, sería lógico desarrollar un programa económico alternativo.

Dicho programa económico alternativo, tendría dos bloques claramente diferenciados:

A.- POLÍTICAS DE SANEAMIENTO.


A.1.- PRESUPUESTO BASE CERO.- Se trataría de optimizar el gasto público de todas las Administraciones, definiendo con precisión cuáles son los objetivos de interés general que pretenden satisfacer todos los programas de gasto, eliminando aquellos programas que no correspondan a objetivos prioritarios o que se hayan mostrado ineficaces para conseguir los objetivos propuestos y, racionalizando, en suma, toda la estructura del sector público.

A.2.- SANEAMIENTO INTEGRAL DEL SISTEMA FINANCIERO.- Aflorando todas las pérdidas latentes en las entidades, recapitalizándolas con los recursos aportados por la asistencia financiera de la UE, pero, simultáneamente, dando dos pasos que no se han tomado con decisión hasta la fecha: cesando a todos los directivos que, en su gestión, hayan causado quebrantos sustanciales a sus entidades  (medida para la cual está plenamente facultado el Banco de España) y aprobando la normativa necesaria para que no se vuelva a repetir el proceso que dio lugar a la burbuja inmobiliario-financiera. El objetivo de todo ello sería el posibilitar el restablecimiento de los flujos de crédito en nuestra economía, con el fin de conseguir su reactivación.




B.- POLÍTICAS DE DINAMIZACIÓN ESTRUCTURAL


B.1.- MEDIDAS DE CHOQUE.- Exención de las cuotas de la Seguridad Social a autónomos que se hayan dado de alta por primera vez en el sistema, bonificación en el pago de cuotas por la contratación de personas en situación de desempleo, exención total de impuestos en la creación de nuevas empresas, exención de impuestos a la hora de realizar nuevos proyectos de inversión, bien en la instalación de nuevos negocios bien en la ampliación de los ya existentes…


B.2.- MEDIDAS DE AGILIZACION ADMINISTRATIVA, DE ELIMINACIÓN DE TRABAS BUROCRÁTICAS Y DE REDUCCIÓN DE LOS COSTES DE TRANSACCIÓN.- Eliminación de trabas administrativas y burocráticas para la creación de nuevas empresas, implantación total de la Administración electrónica, implantación del principio de “a una transacción, un tributo (como máximo)”, eliminación progresiva de la tributación sobre compraventas de bienes que ya han tributado con anterioridad, implantación de protocolos para reducir el impacto de la realización de obras públicas en entornos urbanos…

B.3.- POLITICA DE FOMENTO DE LA COMPETENCIA EN SECTORES PROTEGIDOS.- Favorecer la competencia en sectores clave como la producción y comercialización de energía eléctrica, la distribución de gas y de productos derivados del petróleo y la distribución comercial, entre otros, con el fin de favorecer una reducción de precios y unos menores costes para todo el sistema económico.



El conjunto de medidas así planteado, podría resumirse en el siguiente esquema:












Es evidente que este conjunto de medidas no sería milagroso. Pero considero que es necesario y ni este Gobierno ni el anterior lo han afrontado para mejorar la actual coyuntura económica, lo cual pasa por conseguir una estructura productiva más dinámica, flexible y competitiva.

No basta con hacer lo que se está haciendo porque lo que se ha perdido de vista es que el crecimiento del pasado ha bebido, en buena medida, de unas circunstancias favorables que ocultaban las taras del sistema económico. Ahora, esas circunstancias favorables ya no existen, por lo que el reto es afrontar esas taras. Lo que aquí hemos expuesto es lo más inmediato porque, evidentemente, hay que actuar en otras áreas como una reestructuración más profunda del sistema energético, una mejora en todos los niveles educativos, una mejora en la I+D (con una mayor integración entre Universidad, empresas y grupos de investigación…), una amplia reforma del sistema de financiación de las Comunidades Autónomas, una profunda modificación de los criterios por los que se rigen las inversiones públicas, etc. Pero, ante la urgencia de los acontecimientos, hay que actuar con decisión en aspectos que puedan generar el impacto más rápido posible.

Sólo así, podremos empezar a ver la luz al final del túnel…

martes, 24 de julio de 2012

EL GRAN RECORTE: NO ME LLAMES RESCATE, LLÁMAME LOLA… (VI)



En nuestra última entrada, resumíamos en una única fórmula los distintos elementos que influían en el coste unitario por producto y, a partir de él, el “Índice de precios interior”:

w
P = (1+z) * (---------- + mp + ocu)
a

Hay tres elementos en este punto sobre los que conviene llamar la atención: ocu, mp y z.


1.- Otros costes unitarios (ocu).- Ronald Coase, Premio Nobel de Economía en 1991, analizó la importancia de los costes de transacción en el desenvolvimiento de una economía. La clave de su razonamiento residía en que costes aparentemente insignificantes a la hora de efectuar compras o realizar inversiones, pueden acabar disuadiendo de que las mismas acaben llevándose a cabo o provocando la falta de beneficio económico de las mismas.  Pensemos en los costes administrativos y burocráticos para instalar un nuevo negocio o crear una nueva empresa. O en los costes de la misma índole que soporta cualquier empresa ya en funcionamiento o cualquier ciudadano de a pie a la hora de realizar gestiones ante la Administración. O en los impuestos y tasas que soportan todo tipo de transmisiones (pensemos en la venta de un inmueble de segunda mano: un bien, que ya ha pagado, en su momento, su IVA correspondiente, en posteriores transmisiones tributa por el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, y, por plusvalías, ante el Ayuntamiento donde se ubique y, también, en el IRPF -?!-). O pensemos, igualmente, en los retrasos, dilaciones y prolongaciones no previstas en el tiempo que sufren muchas obras públicas y acaban provocando el cierre de muchos negocios en la zona donde se realizan. Estos “costes” aparentemente asumibles, son un lastre para cualquier economía, invisibles cuando todo va bien, altamente gravosos cuando se atraviesa una crisis. Por ello, sería necesario, en este aspecto, abordar tres puntos:

a.- Reducir todo tipo de costes y trabas administrativas a la hora de la creación de empresas.

b.- Generalizar la Administración Electrónica para todo tipo de trámites de empresas y ciudadanos.

c.- Eliminar la múltiple imposición en cualquier transacción. Imponer el criterio de “una transacción, un tributo (como máximo)”. Eliminación progresiva de tributos en el intercambio de bienes que ya han sido gravados en transacciones previas.

d.- Implantación de mecanismos en la realización de obras públicas para optimizar su duración temporal y minimizar su impacto en empresas y ciudadanos.

Uno de los ejemplos más espectaculares de lo que supuso reconocer la realidad de los costes de transacción y actuar en consecuencia fue la gestión de Sir John James Cowperthwaite al frente de la Secretaría de Finanzas de Hong Kong en el período 1961-1971. Cuando se encontró con que miles de personas huían de la China comunista y se instalaban en la colonia británica, surgió el dilema de qué medidas adoptar para dinamizar la actividad económica y dar trabajo a todos ellos. ¿Qué hizo Cowperthwaite? PUES NO HIZO NADA.






O, mejor dicho, dejó hacer a los propios ciudadanos. Los criterios por los que guió su política fueron: pleno impulso a la iniciativa empresarial individual, eliminación de trabas administrativas inútiles, imperio de la ley, porcentaje sobre la renta personal y sobre los beneficios empresariales a una tasa única del 15%, eliminación de subsidios y aranceles, mantenimiento de una moneda fuerte, equilibrio permanente en los presupuestos públicos…  Aplicando todas estas medidas, la economía de Hong Kong empezó a crecer a tasas del 9% anual (http://gwulo.com/node/6190). Aunque, en las circunstancias españolas actuales, no podría copiarse, sin más, este modelo, resulta evidente que los aspectos más viables (centrados, sobre todo, en la eliminación de trabas burocráticas que resultan ineficaces e ineficientes y en la máxima flexibilidad para la creación de nuevas empresas) podrían significar una importante reducción de costes (en realidad, un enorme peso muerto) en nuestro sistema económico.



 
Vista del distrito financiero de Hong Kong.





2.- Materias primas y energía (mp) y margen empresarial (z).- Conforme lean, comprenderán por qué agrupo ambos conceptos.

En la actual crisis, los márgenes empresariales se han resentido gravemente. Pero, simultáneamente, no todas las empresas y los sectores económicos se han visto afectados por igual. Vean el siguiente cuadro, elaborado a partir de los datos de la Encuesta Industrial de Empresas del Instituto Nacional de Estadística. En el mismo, comparamos el resultado obtenido en el ejercicio con los ingresos de explotación totales:





Parece claro que los obtenidos por los sectores relacionados con producción de energía eléctrica y con la producción de gas son sustancialmente superiores a los obtenidos por la media de las empresas industriales.

Si nos vamos a los datos de rentabilidad financiera, o ROE, (es decir, beneficio neto sobre recursos propios), también podemos extraer conclusiones interesantes.

En boletín económico del Banco de España de octubre de 2010, se analizan las cifras de la Central de Balances, y aparece el siguiente cuadro donde se puede ver la evolución de la ratio mencionado en el período 2006-2008:




Fuente: Banco de España

Observemos que la media del total de empresas en 2008 se mueve en torno al 10% (aproximadamente 5% para las PYMES y en torno al 15% para las grandes). Sin embargo, las empresas de energía obtienen una rentabilidad financiera del 15% en ese mismo año, con independencia del tamaño.

En el boletín económico del Banco de España de noviembre de 2011, hay otro estudio similar sobre los resultados de las empresas no financieras en 2010 y hasta el tercer trimestre de 2011 (en dicho estudio, ya no se hace el desglose por sectores como en el año anterior: no me pregunten por qué, aunque, últimamente, las estadísticas económicas, en vez de clarificar tienden a hacer más opacas las conclusiones):




Fuente: Banco de España

Observemos cómo, en las empresas pequeñas, la ratio se acerca al 0% en 2009 y 2010, mientras que, para las grandes empresas, el porcentaje está en torno al 9% en esos mismos años.

Para intentar determinar cómo se han comportado los sectores de producción de energía eléctrica y producción de gas en los últimos años, he solicitado al Registro Mercantil las estadísticas sectoriales y las conclusiones las pueden ver en los siguientes dos cuadros:




Fuente: Elaboración propia a partir de Estadísticas Sectoriales del Registro Mercantil

Podemos observar que, en el caso del sector eléctrico, salvo un mal año para las empresas de mayor dimensión en el año 2008, la ratio suele estar por encima del 10%. En el caso de producción de gas, no suele bajar del 4%.

Todas estas cifras demuestran una realidad denunciada desde hace décadas: la existencia de sectores protegidos, donde no funciona una competencia real, con una importante rigidez de precios (en consecuencia) y que tienden a elevar los costes de todo el sistema económico. Actuar sobre esta realidad, favoreciendo una auténtica competencia, haría que la variable “mp” descendiese y, de paso, la variable “z”, también.

Por tanto, para conseguir una mejora de nuestra competitividad no es absolutamente necesario embarcarse en un proceso de deflación de salarios y precios como parece querer indicar las medidas de política económica adoptada. Se puede actuar sobre otras variables y lograr el mismo objetivo. Se puede aducir que esto sería un proceso lento. Pero es que, repetimos, un proceso de deflación de precios y salarios también lo es y, además, altamente costoso en términos sociales.  Como decía Keynes en Las consecuencias económicas de Mr. Churchill: “La deflación no reduce los salarios «automáticamente». Los reduce produciendo desocupación”. Igualmente, Paul Krugman en ¡Acabad ya con esta crisis! (2012) indica: “No conozco ningún país cuyas instituciones y mercado laboral le faciliten responder a la situación que acabo de describir para España por la vía del recorte salarial generalizado”.

Es decir, la política económica puede y debe incidir en otras áreas y aspectos diferentes a los que se están incidiendo en la actualidad (no digamos ya las posibilidades de incidir en la productividad, es decir, la variable “a”, a través de una mejora del sistema educativo; pero, hay que reconocer, que eso llevaría más tiempo). Pero el gran problema es que ello supone modificar el statu quo de muchas grandes empresas. Y ello supone un problema, más político que económico. (Recordemos que la dimisión de Enrique Fuentes Quintana como Vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos, en febrero de 1978 se debió, en última instancia, a la oposición de la patronal eléctrica –UNESA- a su proyecto de nacionalizar la red eléctrica de alta tensión).

En nuestra próxima entrada, finalizaremos el análisis del “gran recorte”, haciendo un resumen de todo lo expuesto.