Translate

Etiquetas


lunes, 13 de agosto de 2012

NO SE VENDE, RAZÓN AQUÍ




El pasado 9 de agosto, el Instituto Nacional de Estadística hizo públicas las estadísticas mensuales de transmisiones de derechos de propiedad o, para dejar más claro de qué se trata, básicamente los datos de compraventa y transmisiones de inmuebles, correspondientes al mes de junio de 2012 (http://www.ine.es/daco/daco42/etdp/etdp0612.pdf). 











Los datos que allí se reflejan, indican que la caída en el número de compraventas efectuadas sigue descendiendo.




Así, si vemos el total de transmisiones efectuadas (que incluyen donaciones, permutas, herencias, ejecuciones hipotecarias, adjudicaciones judiciales, daciones judiciales, etc.), las mismas han descendido en un 8,1% en relación al mismo mes de 2011. Las transmisiones anuales totales ya acumulan un descenso del 7,4%:










            (Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada)  

Fuente: INE


Es evidente que, existiendo un importante stock de viviendas sin vender, es una muy mala noticia que las transmisiones de inmuebles sigan cayendo. Sin embargo, hay que llegar al dato de compraventa de viviendas (ya que el anterior cuadro recoge todo tipo de inmuebles, incluyendo, por tanto, solares, fincas rústicas, etc.) y a su desglose entre viviendas libres y usadas para llegar a las cifras relevantes. En junio, se realizaron 25.405 compraventas de viviendas, correspondiendo 12.109 a viviendas nuevas y 13.296 a viviendas usadas:


  
Fuente: INE



Por lo tanto, esas 12.109 viviendas nuevas del mes de junio es la cifra básica para saber cuánto tiempo se tardaría en vaciar el stock de viviendas existentes a día de hoy. Haciendo un simple ejercicio de multiplicar la misma por 12 (número de meses), obtendríamos que las compraventas anuales de viviendas estarían en torno a las 145.300 viviendas.

Obviamente, hacen falta dos datos más:

1.- El primero, el número de viviendas nuevas que se construyen anualmente y que se incorporan al stock. En un artículo publicado en www.elconfidencial.com el pasado 4 de julio de 2012, Eduard Mendiluce, CEO de CatalunyaCaixa Inmobiliaria, estimaba en 110.000 viviendas anuales dicha cifra (http://www.elconfidencial.com/opinion/tribuna/2012/07/04/perspectivas-y-reflexiones-sobre-el-mercado-inmobiliario-espanol-9451/).

2.- El segundo, el número de viviendas que integra el stock mencionado. El pasado 7 de julio, el portal inmobiliario www.idealista.com publicaba los datos del Ministerio de Fomento sobre dicho stock y, a finales de 2011, existían 676.038 viviendas:





Por lo tanto, si restamos a las 145.300 viviendas nuevas que se pueden transmitir anualmente las 110.000 viviendas que se construyen en el mismo período, el stock de viviendas existentes se reduciría a un ritmo de 35.300 viviendas al año. Existiendo un stock de 676.038 viviendas, se tardaría algo más de 19 años en vaciar dicho stock.

Ante esa realidad, las expectativas de nuevas bajadas de precios tienen pleno fundamento y provocan que las ventas estén ralentizadas hasta que dichas bajadas se materialicen.

Si se vende poco y tarde, es por la sencilla y elemental razón de que los potenciales compradores esperan reducciones adicionales de precios en el mercado. Y mientras el stock no descienda, la actividad de la construcción seguirá estando por debajo de un nivel normal y lastrando a toda la economía…

domingo, 12 de agosto de 2012

A VECES, SE LES ENTIENDE TODO


Aunque la mayoría de las veces resulta complicado comprender cuáles son las intenciones y fines de los dirigentes políticos, en otras ocasiones resultan transparentes los motivos que guían sus actos.




 

Cuando analizamos el “gran recorte” aprobado por el Gobierno el pasado 13 de julio, ya comentamos que el objetivo de las medidas de política económica que se estaban poniendo en marcha, inspiradas, en gran medida, por las directrices marcadas por la Unión Europea, en general y el Banco Central Europeo, en particular, era provocar una deflación de salarios que restaurara nuestra competitividad (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/el-gran-recorte-no-me-llames-rescate_17.html). 

Igualmente, manifesté que no estaba de acuerdo con la filosofía general de las medidas y que había que incidir en otros aspectos como las trabas burocráticas y administrativas que entorpecían el libre desenvolvimiento económico, la reducción de los costes de transacción que implicaban la adopción de decisiones de inversión y puesta en marcha de nuevas actividades y una mayor competencia en sectores clave que se beneficiaban de mayores márgenes por la dificultad de entrada de nuevos competidores (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/el-gran-recorte-no-me-llames-rescate_25.html).

Es natural que afirmar que se pretenda forzar una reducción salarial generalizada produzca suspicacias y se desconfíe de que pueda ser verdad. Sin embargo, no falta la oportunidad de que alguien, no se sabe si por error de cálculo, por minusvaloración del grado de difusión de sus palabras o por las propias características de una situación que hace que sea fácil acabar desbordado por las circunstancias, diga la verdad sin pretenderlo.

El pasado 9 de agosto, el Banco Central Europeo, con motivo de la publicación de su Boletín Mensual (http://www.ecb.int/pub/pdf/mobu/mb201208en.pdf), hacía un estudio del comportamiento de los salarios en los países periféricos que han necesitado asistencia financiero (Grecia, Portugal, Irlanda y España) y pronosticaba que, en nuestro país, se iba a producir, en el futuro inmediato, “una acusada caída de la remuneración por asalariado” (aquí, pueden ver un resumen del análisis: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/08/09/economia/1344527492.html).

Pero la frase verdaderamente reveladora es: “El BCE señala que, tras el inicio de la crisis financiera, salvo en el caso de Irlanda, la moderación salarial se ha producido con un retraso considerable (en Portugal en 2010) o ha seguido siendo muy limitada (en España y Chipre, al final de 2011)”. (En la página 61 del boletín enlazado –página 62 en el PDF- se dice, textualmente, por si hubiera dudas al respecto: “After the onset of the global financial crisis in 2008, with the exception of Ireland, wage moderation only set in with a significant delay (in Portugal in 2010) or has remained very limited (in Spain and Cyprus, at the end of 2011). Going forward, a strong decline in compensation per employee is expected: (i) for Spain, as a result of further cuts in public sector wages and the impact of labour market reforms in moderating private sector wage claims; and (ii) for Greece, as a result of the recent reforms in private sector wage-setting”.)



Es decir, lo que existe es un RETRASO respecto a lo que se debe producir. Y si ven el siguiente gráfico, comprobarán que lo que se debe producir no es ninguna broma, porque, partiendo del índice 100 en 2002 para el coste relativo por empleado, España, en la actualidad, está en el nivel más bajo de los cinco países estudiados:

 Fuente: Banco Central Europeo


Como antes he dicho, no estoy de acuerdo con esta estrategia y sí de hacer una economía más dinámica y flexible. Pero, evidentemente, si este planteamiento no surge de la propia España, nadie lo va a hacer por nosotros. Ninguno de nuestros socios de la UE va a indicarnos el camino a seguir para ser más competitivos con un modelo productivo basado en el capital, la tecnología y la innovación. Les resulta más beneficioso para el mantenimiento de su propia posición que sigamos el camino del ajuste mediante la reducción de costes salariales.

Evidentemente, si ninguno de los distintos gobiernos que ha habido en España en los últimos tiempos ha planteado una alternativa en el sentido apuntado, difícil lo tenemos. Si quedaba alguna duda, vean el titular correspondiente a las declaraciones del Subdelegado del Gobierno Central en Málaga: http://www.diariosur.es/v/20120812/malaga/jovenes-tengan-marcharse-extranjero-20120812.html. Está claro que, con esta mentalidad, pocas esperanzas podemos albergar…

miércoles, 8 de agosto de 2012

ANÁLISIS DE “¡ACABAD YA CON ESTA CRISIS!” DE PAUL KRUGMAN (y II)



Después de haber resumido en una anterior entrada (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/08/analisis-de-acabad-ya-con-esta-crisis.html) el contenido del último libro de Paul Krugman, en este post vamos a valorar las propuestas que realiza de cara a posibilitar la recuperación económica y la salida de la actual crisis que estamos padeciendo.







Tengo que manifestar que la mayoría de las medidas que propugna el premio Nobel de Economía me suscitan, sobre todo, dudas y, analizando el comportamiento de los distintos países en los últimos años en relación a las políticas que se han aplicado, no pienso que tuvieran éxito en la hipótesis de que se llevaran a cabo.


Para desarrollar nuestro razonamiento, lo vamos a dividir en varios apartados:


1.- EXCESO DE CONFIANZA EN LOS ESTÍMULOS TRAS LA EXPERIENCIA DE LOS ÚLTIMOS AÑOS.- Resulta evidente que, desde el inicio de la crisis en verano de 2007, los estímulos tanto monetarios como fiscales han alcanzado un nivel nunca conocido con anterioridad. ¿Cabe pensar que, aplicando estímulos aún mayores, se va a producir el milagro de la reactivación definitiva? Krugman piensa que sí, pero veamos algunas magnitudes para dudar de tal afirmación.

Empecemos por los tipos de interés fijados por los bancos centrales. En el caso de la Reserva Federal, vamos a utilizar como referencia el tipo de los Federal Funds desde el 1-8-2007 hasta la actualidad:





                                   (Pulse sobre la imagen si quiere verla ampliada)  

 Fuente: Reserva Federal USA



Para el caso del Banco Central Europeo, vamos a ver el tipo básico de intervención:




Fuente: es.euribor-rates.eu

Para el caso norteamericano, de un tipo de interés inicial superior al 5% se ha pasado, en la actualidad, a unos niveles en torno al 0,14%. Para el caso europeo, si el tipo de intervención al principio de la crisis estaba en el 4%, actualmente es del 0,75%. Si a pesar de dicha reducción, los efectos han sido limitados, ¿acaso vamos a conseguir resultados más significativos con nuevas vías para conseguir el aumento del dinero en circulación, utilizando, para ello, vías poco ortodoxas?

Si pasamos a los estímulos fiscales, llegaremos a conclusiones parecidas. Empecemos con los datos de déficit público en Estados Unidos:



 (*) Datos provisionales
Fuente: U.S. Bureau of Economic Analysis


Si atendemos a Europa, en el siguiente gráfico pueden apreciar cómo ha evolucionado el déficit público en el período 2006-2011 como media en toda la UE y, además, individualmente, en los principales países (Alemania, España, Francia, Italia y Reino Unido):



Fuente: EUROSTAT


Es decir, en el caso de Estados Unidos, si el último año anterior a la crisis (2006), el déficit público estaba en el 1,7% del PIB, en el 2011 alcanzó el 9,7%. Para el caso de la UE, la media de todos los países ha pasado de un 1,5% en 2006 al 4,5% en 2011. Si vemos los datos de los principales países, España, p. ej., ha pasado de un superávit del 2,4% a un déficit del 8,5%, el Reino Unido de un déficit del 2,7% a otro del 8,2%, Francia de uno del 2,4% a otro del 5,2% e Italia de uno del 3,4% a otro del 3,8% (con un pico en 2009 del 5,4%). En todos los casos, este aumento no ha producido, en paralelo, una mejora sostenida de la economía, por lo que pensar en aplicar mayores estímulos fiscales y presupuestarios para lograr un crecimiento sólido no resulta convincente en función de la experiencia previa. Paradójicamente, el país en mejor situación (Alemania), ha reducido su déficit en el período 2006-2011 desde el 1,7% del PIB al 1%. En función de los postulados de Krugman, la economía germana debería estar poco menos que en estado de coma.

Pero, aunque pudiera llevar razón, y el gran problema residiera en que los planes de estímulo se han quedado cortos, la mayor dificultad es que las políticas de expansión del déficit requieren emitir deuda y que la misma sea suscrita por los inversores. El pasado 20 de mayo, un famoso economista recomendaba, en relación a Italia y España, que “ninguno de los dos países entre en una dinámica keynesiana de grandes inversiones públicas, porque no podrían ser financiadas”. ¿Quién era este famoso economista? Pues, precisamente, Paul Krugman: http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/20/economia/1337526129.html. Es decir, al final, la necesidad de que las emisiones de deuda pueda seguir siendo cubiertas constituye el gran límite para llevar a cabo grandes planes de expansión del gasto público y, en este aspecto, ni Estados Unidos podría estar a salvo del recelo de los potenciales suscriptores.


2.- INDIFERENCIA FRENTE A LOS PROBLEMAS ESTRUCTURALES DE LAS ECONOMÍAS.- En un momento dado, Krugman, sobre la economía de Estados Unidos, afirma que la situación de la misma no tiene nada que ver con disfunciones en su estructura. En sus palabras, “… parece que hay una tendencia incontenible –que no se limita a un solo bando de la divisoria política- a considerar que nuestros problemas son «estructurales» y no se resolverán fácilmente con un aumento de la demanda. Si seguimos con la analogía de los «problemas del magneto», lo que defienden muchas personas influyentes es que sustituir la batería no va a funcionar, porque seguro que también hay grandes problemas con el motor y la transmisión”.  En relación al problema del paro, afirma que “… si tuviéramos una tasa de desempleo colosal porque demasiados trabajadores carecieran de la formación adecuada, tendríamos que poder encontrar a un número significativo de trabajadores que estuvieran gozando de prosperidad; y no podemos. Lo que nos encontramos, en su lugar, es un empobrecimiento general: lo que sucede cuando la economía sufre de una demanda inadecuada”. (El subrayado es mío). Sin embargo, frente a esas palabras, hay que criticar que Krugman hace una selección (no argumentada) de determinados hechos para apuntalar su teoría, sin poner sobre la mesa todas las realidades implicadas. En 1994, un famoso economista escribía: “En este momento podemos distinguir en Estados Unidos tres etapas en el crecimiento de la productividad. Desde finales del siglo XIX hasta la segunda guerra mundial, la productividad creció, en promedio, alrededor de un 1,8 por ciento al año, lo suficiente para duplicar aproximadamente los niveles de vida cada cuarenta años. Desde la segunda guerra mundial, hasta 1973, el crecimiento medio fue mayor, un 2,8 por ciento anual, lo suficiente para duplicar los niveles de vida cada veinticinco años. Desde 1973, la productividad ha crecido, en promedio, menos de un 1 por ciento al año, ritmo que tardaría ochenta años en lograr el aumento del nivel de vida que se registró en menos de una generación después de la segunda guerra mundial. Esta desaceleración del crecimiento de la productividad es uno de los (…) hechos fundamentales en la economía americana en los últimos veinte años”. El famoso economista que escribió esto fue, por supuesto, Paul Krugman en su obra Vendiendo prosperidad y no sólo ignora este hecho en su última obra sino que obvia la medida que fue utilizada en su momento para remediar la situación: la desvinculación del dólar con el oro en el año 1971. Como explicamos en otra entrada (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/10/rio-arriba-o-cual-es-el-origen-de.html), para eliminar obstáculos al crecimiento meramente nominal del PIB, se puso fin al patrón cambios-oro vigente desde la finalización de la II Guerra Mundial. Según la visión de Krugman, la política monetaria expansiva que ello permitió debería haber sido el bálsamo definitivo para toda posible recesión. No ha sido así: la inestabilidad financiera en los últimos años no ha hecho sino aumentar y, con ella, las oscilaciones económicas. Insistir en seguir manipulando las variables monetarias y financieras para lograr un crecimiento sostenido no sólo sería inútil sino que sería, también, altamente peligroso. El resultado de esta estrategia ya nos ha llevado a una crisis bancaria y de deuda de grandes proporciones. ¿A qué nos llevaría dar una nueva vuelta de tuerca al mismo planteamiento?

3.- INDIFERENCIA FRENTE A LOS EFECTOS DE LAS POLÍTICAS ECONÓMICAS DESDE UN PUNTO DE VISTA INTERNACIONAL.- Hay un aspecto que, llamativamente, no merecen la atención de Krugman y que se refiere a las implicaciones internacionales de la política económica que propone. Por ejemplo, un aumento del déficit público en Estados Unidos con un programa de gasto público superior al ejecutado por la Administración Obama al principio de su mandato (http://www.libertaddigital.com/economia/el-congreso-de-eeuu-aprueba-plan-de-estimulo-de-la-economia-sin-respaldo-republicano-1276349430/), implicaría que la economía norteamericana absorbería, mediante emisión de deuda pública, una gran parte del ahorro disponible a nivel internacional, provocando, con ello, una subida de tipos de interés, como mínimo en las economías europeas. Esta subida de tipos afectaría a la recuperación y al crecimiento de dicha área, elevaría la morosidad bancaria, perjudicando, con ello, a la estabilidad financiera de la zona euro y ello acabaría influyendo negativamente en la reactivación de la economía estadounidense. Si se opta por la compra de los títulos de la deuda pública por parte de la Reserva Federal (opción que Krugman ve con buenos ojos), ello tendría como consecuencia la depreciación del dólar frente al euro, con efectos igualmente contractivos sobre la economía europea. Para contrarrestar esta circunstancia, el BCE tendría que llevar a cabo una ampliación paralela de la  emisión monetaria para forzar la pérdida de valor de la moneda europea. Al final, una expansión monetaria tanto de Estados Unidos como de la eurozona aún mayor que la llevada a cabo hasta el momento podría suponer un aumento arriesgadísimo de los desequilibrios económicos y ello sin garantía de que se produzca una recuperación económica sólida y estable. Otro elemento que también resulta llamativo es cuando Krugman afirma que “hace mucho tiempo que deberíamos haber adoptado una actitud más dura con China y otros manipuladores de divisas, incluso sancionándolos, si es preciso”. Resulta desconcertante esta afirmación porque, si Estados Unidos no ha hecho nada contra China, que mantiene una política evidente de mantener artificialmente depreciado el valor del yuan, es porque China es uno de los principales suscriptores de la deuda pública norteamericana. Es decir, las políticas expansivas llevadas a cabo por Estados Unidos, con la eliminación de obstáculos al aumento de la oferta monetaria y un déficit público continuo que ha alimentado hasta niveles nunca conocidos las emisiones de deuda pública, han acabado creando las circunstancias para hipotecar las posibilidades de economía norteamericana a todos los niveles.

4.- ¿ES ESTA CRISIS IDÉNTICA A LA DE 1929?- Hay, finalmente, una serie de cuestiones estrictamente teóricas que tienen gran importancia a la hora de analizar los planteamientos de Krugman. Ante todo, conviene preguntarse no sólo si esta crisis es similar a la de 1929 (como Krugman defiende) sino, fundamentalmente, si sus circunstancias son las mismas. En este sentido, hay que decir que, en primer lugar, actualmente existen los estabilizadores automáticos (subsidios de desempleo, ayudas sociales, impuestos progresivos…) cuyo fin es amortiguar los efectos de los ciclos económicos y que fueron defendidos por los economistas de la escuela keynesiana después de la II Guerra Mundial (corriente en la que, como dijimos en la anterior entrada, Krugman se incardinaría en función de sus propuestas) y que han entrado en acción con la crisis actual. En segundo lugar, al contrario de lo que sucedió en el crash del siglo pasado, los Gobiernos, inicialmente, al estallar la crisis financiera, no se han dedicado a implantar medidas para hacer desaparecer el déficit (según hicieron los gobiernos de aquella época), sino que han dejado que los estabilizadores automáticos actuasen sin ser entorpecidos. Sólo cuando la acumulación de deuda originó que peligrara la suscripción de las nuevas emisiones, los gobiernos tuvieron que dar un paso atrás y llevar a cabo políticas de austeridad. Es decir, lo que esta crisis ha revelado, de hecho, es la limitación de las políticas keynesianas de cara a conseguir la reactivación económica. Porque, y esto iría en el tercer lugar de nuestra argumentación, un elemento que no se tiene en cuenta a la hora de intentar aplicar las recetas de la Teoría general de Keynes es que la dimensión y el endeudamiento de los Estados en la década de los 30 del pasado siglo no tienen nada que ver con las actuales. Frente a Estados con un papel limitado en la vida económica, ahora existen unas administraciones públicas hipertrofiadas que ya contaban con un notable nivel de endeudamiento cuando ha llegado la crisis. Una vez más, ello es muestra de que una mayor intervención pública no es garantía de una mayor estabilidad. Y, finalmente, en cuarto lugar, Krugman, a la hora de defender políticas discrecionales de mayor envergadura, ignora tanto los estudios de las corrientes posteriores a la escuela keynesiana sobre las limitaciones y problemas de dichas políticas como los resultados prácticos obtenidos en otros momentos con su aplicación. Es curioso que Krugman ignore, por ejemplo, lo sucedido a raíz de la crisis del 73, donde, con carácter general, se aplicaron políticas discrecionales de aumento del gasto público y de expansión de la oferta monetaria y fueron un fracaso absoluto, fracaso que fue ya vaticinado en la década de los 60 por Edmund S. Phelps (en su trabajo publicado en 1968 Money-Wage Dynamics and Labor Market Equilibrium) y por Milton Friedman (en su discurso de aceptación de la presidencia de la American Economic Association en 1967) justificando, en ambos casos, en términos teóricos, su vaticinio.

En definitiva, a pesar de la seguridad que Krugman pretende manifestar sobre el éxito seguro de sus propuestas, la misma no se compadece ni con un análisis minucioso de sus argumentos a la hora de contrastarlos con lo que ha sucedido y está sucediendo en la economía real ni con una visión amplia de las elaboraciones teóricas en juego, algunas de las cuales, posteriores al keynesianismo, y que someten a un estudio exhaustivo sus afirmaciones, llegan a ponerlas seriamente en cuestión. (Incluso, en última instancia, con su adscripción a una interpretación de Keynes muy anclada a un determinado momento de la ciencia económica, ignora otras interpretaciones que pueden ser fructíferas y de amplio recorrido –como las del economista sueco Axel Leijonhufvud- o, incluso, no aborda la profundización de los planteamientos tradicionales de la escuela keynesiana, desarrollados por Modigliani, Tobin o Patinkin, para poner al día su contenido). Es decir, su obra deja más dudas que certezas tras su lectura.






martes, 7 de agosto de 2012

YA SON LAS REBAJAS EN EL CORTE INGLÉS…



Durante el pasado mes de junio, diversas noticias se hicieron eco de la estrategia seguida por El Corte Inglés de reducir, con carácter permanente, el precio de entre 4.500 y 5.000 productos de alimentación, droguería y perfumería, en una cuantía del 20%. Dicha reducción no afectaría ni a la calidad ni al surtido de los productos que la empresa ofrece a sus clientes y, cuando la estrategia estuviera en pleno funcionamiento, alcanzaría a un total de 6.000 productos. Una de las intenciones de este paso era acabar con la imagen de “caros” que tenían los supermercados de la firma.










A continuación, les adjunto varios enlaces donde aparece información sobre la cuestión:








El Corte Inglés manifestó que, tras aplicar dicha política de precios, había experimentado un aumento “significativo” de ventas:










Si vemos los datos de El Corte Inglés con cierta perspectiva, llegaremos a la conclusión de que esta medida va más allá de una simple decisión coyuntural y se enmarca en una reacción frente a un deterioro evidente de algunas de las ratios fundamentales del grupo.

En el siguiente cuadro, pueden ver un resumen de las variables económicas más importantes del grupo consolidado de El Corte Inglés (es decir, incluyendo todas sus empresas):







Antes de seguir, vamos a pararnos en explicar la ratio de “Rentabilidad económica” o ROI por su expresión en inglés (“Return on investment”, es decir, retorno sobre la inversión) y vamos a descomponerla en dos variables fundamentales.

La ratio mencionada sería el cociente entre el Resultado de Explotación (o EBIT, en terminología inglesa) y el activo total de la empresa:

                    Resultado de explotación (EBIT)
ROI  =   -----------------------------------------------------------
                                Activo total (AT)


A continuación con una simple operación aritmética, podremos ver que esta ratio se puede descomponer, a su vez, en dos de claro significado:

                        EBIT                                Ventas
ROI = -------------------------------  X  -------------------------------
                        AT                                  Ventas


                        EBIT                                Ventas
ROI = -------------------------------  X  -------------------------------
                        Ventas                                 AT

                                              
ROI =  Margen  X  Rotación


Es decir, la rentabilidad económica se genera vía margen de los productos o servicios vendidos y vía volumen de ventas. Hay negocios cuya actividad proporciona un alto margen, aunque el volumen de ventas no sea excesivamente alto. Para otros, aunque el margen es corto, el gran volumen de ventas permite hacer que el mismo sea rentable. 

Según los datos económicos del grupo consolidado de todas las empresas que integran El Corte Inglés (además de los grandes almacenes, destaquemos Hipercor, Opencor, Supercor, Viajes el Corte Inglés, Informática El Corte Inglés, Sfera…), para el período 2005-2010, se observa que la rentabilidad económica ha descendido desde el 7,5% al 2,5% y en ello ha influido tanto la caída del margen (que ha pasado del 5,6% al 2,7%) como de la rotación (que se ha reducido desde 1,33 a 0,91):









Si vemos la evolución de la “Rentabilidad financiera” (o ROE, “Return on equity”), que es el cociente entre el beneficio neto y los recursos propios, veremos que también ha experimentado un descenso significativo en el mismo período (desde el 9,9% al 4,6%):






Lo que en este punto nos interesa es relacionar estas cifras con la estrategia que hemos descrito al principio de esta entrada. El posicionamiento de El Corte Inglés siempre ha estado orientado en el factor “servicio al cliente”. Este tipo de posicionamiento siempre acaba de determinar un modelo de negocio sustentado en un mayor margen: el cliente está dispuesto a pagar un precio mayor porque, a cambio, el servicio que recibe de la empresa es mejor que el de las demás… Pero el entorno económico actual, de grave y, sobre todo, larga crisis económica, con severas restricciones en los flujos de crédito y negativas perspectivas de recuperación, está provocando que los agentes económicos, en su afán por restringir el gasto, vayan a la búsqueda, sobre todo, del menor precio posible de los productos y servicios que adquiere. En este contexto, un posicionamiento basado en un mayor margen puede debilitar la posición competitiva de muchas empresas. Incluso El Corte Inglés, empresa fuertemente enraizada entre los consumidores españoles, ha tenido que ceder en sus planteamientos tradicionales y ha pasado a intentar reforzar la ROTACIÓN sobre el MARGEN.

La reflexión que debemos realizar es: si El Corte Inglés se ve empujado a emprender una política de ventaja competitiva basada en el precio (al menos, de momento, para determinadas referencias), ¿qué capacidad tiene el resto de empresas de mantener márgenes elevados? Sólo tratándose de bienes y servicios difícilmente sustituibles será ello posible. Y hay que admitir que, con la globalización y el aumento, a nivel general, de la capacidad instalada, sólo productos con una tecnología específica difícilmente copiable o suministrados en una ubicación geográfica o territorial obligada pueden permitirse mantener dicha política. La optimización de costes y la revisión continua de márgenes adquieren, de este modo, carácter forzoso.

domingo, 5 de agosto de 2012

GRECIA EN LA EUROZONA: ¿ECONOMÍA O POLÍTICA?







El pasado 29 de julio, el vicepresidente del Gobierno alemán, y Ministro de Economía, Philipp Rössler, declaraba que a su país “no le asustaba una salida de Grecia de la Eurozona” (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/28/economia/1343494722.html). Que, a estas alturas, después de dos rescates, múltiples ajustes, graves tensiones sociales y un severo deterioro del sistema político griego, el desenlace posible pueda ser el que, desde hace año y medio, era inevitable desde el punto de vista de la lógica económica, resulta simplemente grotesco si no fuera por el daño causado y los quebrantos producidos.

Para reflexionar sobre la cuestión y llegar a entenderla, resulta imprescindible, en mi opinión, tener en consideración unas palabras que pronunció el pasado 2 de junio, en la reunión anual del Círculo de Economía, en Sitges, el exministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer (http://www.elmundo.es/elmundo/2012/06/02/espana/1338629623.html). Después de defender la continuidad de España y Grecia en el euro, declaró: “¿Qué queremos ahora?¿Que Grecia se vaya con Rusia o con otros países?¿Es que nos creemos que no tendrá coste para Europa que Grecia abandone el euro? La desintegración de la unión monetaria es una pésima idea.”

Observemos algo llamativo: por encima de consideraciones económicas, que eran las que, aparentemente primaron para que un país fuera admitido en la eurozona (cifras de déficit público, deuda pública, inflación y tipos de interés), las motivaciones políticas (no manifestadas explícitamente a la opinión pública) tuvieron un peso quizás mucho más importante. Sólo así se explica que Grecia, con datos manipulados, entrara a formar parte de la zona euro y no se comprobara en profundidad la fiabilidad de los datos estadísticos. Las consideraciones geopolíticas (que ya analizamos en su momento: http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/12/situacion-de-la-union-europea-una.html) impusieron su dominio y obligaron a la admisión para que la Unión Europea ejerciera su influencia en una zona clave.

Pero, al final, las tendencias económicas de fondo se acaban imponiendo y no cabe la menor duda de que el mantenimiento del euro en Grecia ya es insostenible. Sólo el retorno de la dracma y el inicio de un proceso de devaluación, que restaure la competitividad de la economía helena y le permita la recuperación vía crecimiento de las exportaciones y la obtención de ingresos para poder ir devolviendo la deuda acumulada, se presenta como la alternativa viable.

Las lecciones a extraer de todo esto son dos:

1.- Si, para alcanzar unos determinados fines políticos, se intenta subvertir la lógica económica, la política acabará perjudicando la economía y, en última instancia, ello impedirá el cumplimiento de los fines políticos propuestos: es decir, al final, no habrá ni éxitos políticos ni éxitos económicos.

2.- En economía, la manipulación de las variables monetarias y financieras para solucionar los problemas de la economía real tiene un límite. Se ha intentado utilizar el euro para resolver los problemas de indisciplina fiscal y ausencia de equilibrios básicos de las economías más débiles y ello ha fracasado. No se puede intentar solventar determinados desajustes con políticas que sólo sirven para acabar con problemas de otra índole.

Al final, cuando nada funciona bien, el bloqueo de los políticos, su falta de imaginación y su afán por salvar la propia responsabilidad lo complican todo. Y siempre hay soluciones socorridas. Por ejemplo: el turismo. ¿Que no se lo creen? Pues aquí les enlazo la noticia con los planes del Gobierno heleno para relanzar la actividad turística, para que se lo crean: http://www.icex.es/icex/cda/controller/pageICEX/0,6558,5518394_5519005_6366453_4604572_465,00.html?utm_source=Boletin+Servicios&utm_medium=Email&utm_term=26+julio+2012&utm_content=Titulo+noticia&utm_campaign=Portada. Es decir, se vuelve a ideas de los 60, como si nada hubiera pasado desde entonces:





miércoles, 1 de agosto de 2012

ANÁLISIS DE “¡ACABAD YA CON ESTA CRISIS!” DE PAUL KRUGMAN (I)


A partir de hoy, vamos a analizar ¡Acabad ya con esta crisis!,  libro recientemente publicado por el Premio Nobel del Economía Paul Krugman (en España, por Editorial Crítica). Siempre polémico y siempre brillante, en esta primera entrada vamos a explicar los argumentos del economista norteamericano y en la próxima realizaremos una valoración crítica.







El título tan contundente de la obra invita a pensar que Krugman tiene la solución mágica a la difícil coyuntura actual. En cierto modo, él piensa que, efectivamente, es así. En ningún momento, duda de que las medidas que propone puedan tener otro resultado distinto al éxito. Aunque a muchos les puede parecer arrogante esta actitud, no deja de ser verdad que ofrece argumentos a favor de esta postura:

“… la experiencia reciente nos enseña una lección política crucial: es mucho mejor defender las creencias propias, luchar por lo que realmente debería hacerse, que intentar pasar por moderado y razonable al aceptar, en lo esencial, los argumentos del contrincante. Si no queda otro remedio, transija en las medidas políticas; pero jamás en la verdad.” (Los subrayados son míos).

Aunque su forma de expresarse la justifica por razones tácticas, resulta evidente que Krugman equipara sus “creencias propias” con la “verdad”. Habrá que explicar, por tanto, su lógica argumental para ver si en ella reside la ansiada solución a nuestros problemas actuales.

El esquema conceptual del libro es muy sencillo de resumir porque, básicamente, sigue el razonamiento de la escuela keynesiana desarrollada después de la II Guerra Mundial, y que es anterior a los estudios y críticas realizados por el monetarismo a partir de los años 60. (Definamos: llamo escuela keynesiana a los economistas que, dentro de la rama principal de la ciencia económica –respetuosa con los principios de la economía neoclásica en el terreno de la microeconomía-, partieron de los postulados de John Maynard Keynes para justificar la intervención de los gobiernos a través de las políticas de estabilización macroeconómica; es  decir, por un lado, no es que siguieran las afirmaciones y principios de Keynes al pie de la letra –como erróneamente se suele afirmar- y, por otro, hay interpretaciones alternativas de los escritos de Keynes que no se corresponden con lo que he venido a llamar escuela keynesiana. Perdón por esta larga explicación pero es necesaria para algo que luego diremos).

El esquema de la explicación de Krugman es la siguiente:

1.- La crisis actual es muy parecida a la crisis de 1929. En ambos casos, la raíz del problema ha sido el fuerte incremento de la deuda privada. Krugman utiliza la ratio de deuda familiar sobre PIB como dato indicativo. Dicha ratio, que llegó a alcanzar un valor cercano al 100% del PIB norteamericano en torno al año 1929, experimentó un rápido descenso, sobre todo como consecuencia del aumento del PIB nominal originado por la II Guerra Mundial. Manteniéndose en un intervalo entre el 20 y el 60% del PIB hasta los años 80, a partir de esa década empezó a crecer y volvió a alcanzar ese fatídico valor del 100% en torno al año 2008.

2.- Para corregir el exceso de endeudamiento, familias y empresas decidieron, en ambas ocasiones, reducir su gasto con el fin de generar recursos para amortizar sus operaciones de deuda. Esta es la única opción posible, ya que llega un punto en que el endeudamiento empieza a suscitar dudas e inquietud a los potenciales prestamistas sobre la capacidad de devolución de los posibles prestatarios. Por tanto, no es posible la concesión de nuevas operaciones ni la hipotética renovación de las ya existentes. La reducción del gasto y de la inversión fue inevitable, dadas las circunstancias.

3.- Como consecuencia de dicha reducción del gasto, tiene lugar una recesión económica, con caída del PIB y aumento del desempleo. Esta sería la situación que estamos viviendo en la actualidad. Por tanto, la recesión es una respuesta a una situación de endeudamiento excesivo y dicha respuesta viene de los agentes privados (empresas y familias).

4.- Para reaccionar frente a esta recesión, los poderes públicos cuentan con la política monetaria y la política fiscal.- El medio principal con que cuenta la política monetaria para volver a estimular el gasto y la inversión es la reducción de los tipos de interés. Sin embargo, existe una situación en que dicho remedio no es útil: si los tipos de interés ya están en el 0% o en un nivel cercano a esa cifra, ya no es posible efectuar disminuciones adicionales de su cuantía (es lo que se denomina “trampa de la liquidez”). En consecuencia, o bien se utilizan armas monetarias no convencionales o es la política fiscal (a través del aumento del gasto público) para volver a retomar la senda de la recuperación económica.

5.- Las políticas de austeridad son un error.- En función del razonamiento expuesto, Krugman se opone a las políticas de austeridad aplicadas a partir del año 2010. Considera que las mismas han sido aceptadas por los gobiernos en función de los intereses del sistema financiero (en general, en función de los intereses de los acreedores principales), pero van en contra del interés general porque condenan a las economías a la recesión al coincidir en el tiempo la reducción del gasto por parte de familias, empresas y Administraciones Públicas.

6.- El problema de las economías no es estructural sino coyuntural.- Krugman no cree que las economías occidentales tengan unos problemas de naturaleza estructural. Piensa que las condiciones estructurales son satisfactorias y que sólo aplicando los remedios que él recomienda el crecimiento volverá: “Cada vez que uno oye a uno de estos bustos parlantes repitiendo que tenemos un problema de largo plazo, que no se puede solventar con remedios cortoplacistas, debemos pensar que aunque tal persona quizá crea ser razonable, en realidad está siendo tan cruel como necia. Podemos acabar con esta crisis ya, y deberíamos hacerlo”.

7.- El fracaso del programa de estímulo fiscal emprendido por Barack Obama al principio de su mandato se debió a que el mismo se quedó corto.- El programa de estímulo por valor de 787.000 millones de dólares aprobado en 2009 era insuficiente dado el volumen de la economía estadounidense, teniendo en cuenta que el PIB norteamericano es de 15 billones de dólares y que la recesión era previsible que tuviera una duración de tres años. Los 787.000 millones de dólares iniciales en relación a los 45 billones de dólares del trienio de crisis no representaban más allá del 1,75%, de forma que su impacto tenía que ser forzosamente limitado.

En consonancia con estos argumentos, las medidas que defiende para Estados Unidos y para Europa, respectivamente, son las siguientes:

A.- MEDIDAS PARA ESTADOS UNIDOS.- Las medidas defendidas para Estados Unidos son de tres tipos:

1.- Política fiscal

a.- Concesión de ayudas a los gobiernos estatales y locales, por un importe de 300.000 millones de dólares para que los mismos deshagan los despidos de medio millón de empleados públicos realizados (sobre todo, en el sector de la educación) como consecuencia de las medidas de austeridad y, a su vez, retomen la contratación de nuevos empleados para ajustar su número al crecimiento de población producido desde 2008. Krugman considera que esta medida serviría para crear 1,3 millones de empleos.

b.- Realización de un amplio programa de inversiones públicas.- Inversiones en carreteras, mejoras del ferrocarril y de los sistemas hídricos, sin tener que recurrir a proyectos de alto coste como ferrocarriles de alta velocidad.

c.- Aumento de las ayudas a las personas en dificultades, con incremento temporal de la generosidad del seguro por desempleo y de otros programas de la red de seguridad social.

2.- Política monetaria

a.- En la medida en que los tipos de interés de la Reserva Federal están cercanas al 0%, hay que recurrir a medidas extraordinarias de política monetaria para ayudar a la reactivación de la economía: retomar los programas de “flexibilización cuantitativa” o quantitative easing (si usamos la expresión inglesa) de modo que se utilice dinero recién impreso para comprar activos “no convencionales” como bonos a largo plazo y deuda privada; usar dinero recién impreso para costear rebajas temporales de impuestos; establecer objetivos para las tasas de interés a largo plazo, comprometiéndose la Reserva Federal a mantener la tasa de interés de los bonos a 10 años por debajo del 2,5% durante cuatro o cinco años, recurriendo, si fuera preciso, a la compra de esos bonos; intervenir en el mercado de divisas para rebajar el valor del dólar y estimular, así, las exportaciones; establecer un objetivo más alto para la inflación (3-4% para los próximos 5 o, incluso, 10 años) con el fin de reducir el valor real de las deudas existentes.

3.- Política de vivienda

a.- Programa de auxilio hipotecario para ayudar a las personas que tengan problemas en el pago de sus préstamos de vivienda.

b.- Flexibilización de las normas para que los prestatarios puedan refinanciar sus operaciones a tipos de interés inferiores a los fijados en el momento inicial. Esta flexibilización es necesaria porque el valor actual de muchas viviendas es inferior al del propio préstamo hipotecario. Si los prestatarios solicitaran la refinanciación, las entidades les obligarían a aportar garantías adicionales. Se trataría de que se pudiera efectuar la refinanciación sin tener que realizar dicha aportación.

B.- MEDIDAS PARA EUROPA.- El problema para Europa residiría en que las economías centrales (fundamentalmente, Alemania) mantienen una mejor posición competitiva que las economías periféricas (Italia, Irlanda, España, Portugal, Grecia). De esta forma, las economías centrales gozan de un superávit por cuenta corriente mientras que las economías padecen de un déficit simétrico por cuenta corriente. Al haber una moneda única, no funcionaría el mecanismo tradicional de ajuste: la devaluación de la moneda de los países deficitarios para restaurar su competitividad. Al mismo tiempo, no existe un presupuesto comunitario de gran volumen que sirva para compensar la desigual situación entre unos países y otros. Por ello, la recomendación de Krugman sería la de una política de dinero barato (aún más barato, habría que decir) por parte del Banco Central Europeo y una política de estímulo fiscal por parte de Alemania (en vez de la austeridad aplicada por la canciller Angela Merkel). Como los países centrales tienen una tasa de desempleo muy inferior a la de las economías periféricas, esta combinación de políticas provocaría una subida de la inflación mayor en las economías centrales que en las economías periféricas, de forma que estas últimas mejorarían su competitividad (pueden leer una entrada anterior para comprender este mecanismo: http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2012/07/el-gran-recorte-no-me-llames-rescate_17.html).

Hasta aquí, un sucinto resumen de la obra. En nuestra próxima entrada, expondremos nuestra valoración de la misma.