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miércoles, 26 de junio de 2013

RECAPITULACIÓN SOBRE LA CRISIS ECONÓMICA INTERNACIONAL (I)








Desde hoy, vamos a publicar una serie de capítulos donde recapitularemos sobre todo lo que hemos escrito en relación a la actual situación económica. Ello nos permitirá hacer un resumen de nuestra visión de la crisis, de su evolución, de las medidas políticas diseñadas y de las soluciones que hemos propuesto. Empezaremos a tratar la dimensión internacional. Con posterioridad, haremos lo mismo a nivel de Unión Europea, España y, finalmente, a nivel de la problemática que, de todo ello, se deriva en la vida y funcionamiento de las empresas.

* * *

Cuando, en el blog, nos hemos remontado a las causas profundas que han dado lugar a la actual situación de crisis económica, hemos hecho referencia a dos aspectos claramente diferenciados:

1.- El primero de ellos fue la ralentización del crecimiento de la productividad. Es ese incremento de productividad el que determina el crecimiento a largo plazo del nivel de vida de una sociedad. Dicho crecimiento se ha reducido desde los años posteriores a la II Guerra Mundial a los tiempos actuales. En nuestra entrada del 28 de septiembre de 2011 (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/09/rio-arriba-o-cual-es-el-origen-de.html), expusimos una serie de datos que corroboraban esa tendencia. Así, Paul Krugman, en su libro Vendiendo prosperidad (Ariel, 1994) indicaba cómo, desde finales del siglo XIX hasta la II Guerra Mundial, la productividad aumentaba a una tasa del 1,8% anual, de modo que el nivel de vida se duplicaba, aproximadamente, cada 40 años. Desde 1945 a 1973, la productividad creció a un ritmo del 2,8% anual, de forma que los niveles de vida se duplicaban cada 25 años. Sin embargo, desde 1973, el crecimiento de la productividad se produjo a una tasa inferior al 1% anual. A ese ritmo, el nivel de vida no se duplicaría antes de que transcurrieran 80 años. En relación a la Unión Europea, un estudio de José Luis Raymond publicado en la obra colectiva Problemas económicos españoles en la década de los 90 (Galaxia Gutenberg, 1995) establecía que, en el período 1960-1975, la productividad aumentó un 3% anual; entre los años 1976 y 1985, la subida fue del 1,6% de media en cada ejercicio; finalmente, en el período 1986-1991, el crecimiento fue sólo del 1,1% al año. Uno de los principales factores que puede explicar este fenómeno es el menor grado de impacto sobre el sistema económico de las innovaciones tecnológicas que se han incorporado al aparato productivo, de forma que no se han producido cambios tan radicales en el campo de la fabricación, del transporte, la energía y las comunicaciones como los que tuvieron lugar con la finalización del último gran conflicto bélico mundial (introducción de la automatización en los procesos de producción, uso masivo del automóvil y del transporte aéreo, incorporación de los derivados del petróleo y de la electricidad como ejes básicos del sistema energético, generalización de la comunicación vía telefónica, aparición de la televisión…). Las innovaciones más importantes de las últimas décadas (informática y telefonía móvil) han supuesto un efecto de menores dimensiones en el aumento de la productividad.

2.- El segundo factor que hay que tener en cuenta es el fin de la convertibilidad automática del dólar en oro en 1971. Como ya explicamos en nuestra entrada del 12 de octubre de 2011 (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/10/rio-arriba-o-cual-es-el-origen-de.html), como consecuencia del aumento de gasto público en Estados Unidos provocado por las medidas monetarias y fiscales expansivas de la administración Kennedy para poner fin a la recesión de finales de los años 40, el programa de “Great Society” del presidente Johnson y la guerra de Vietnam llevaron al déficit de la balanza de bienes y servicios de la economía estadounidense. Con la vinculación del dólar con el oro, la salida a la situación hubiera sido un ajuste realizado vía reducción de las reservas de metal precioso custodiadas por la Reserva Federal, con sus consiguientes efectos de reducción del PIB hasta que el equilibrio del sector exterior se hubiera restablecido. (Observemos que este comportamiento de la balanza comercial y de servicios de la economía norteamericana está relacionado con el menor crecimiento de la productividad antes descrito: ante sucesivos aumentos de la demanda agregada, la producción no lograba crecer al mismo ritmo, de forma que la consecuencia inevitable era una brecha en el sector exterior para cubrir el desfase). El presidente Nixon, en 1971, optó por romper la conexión oro-dólar, de forma que la divisa estadounidense dejaba de tener un respaldo metálico. Ello significó el fin del sistema de Bretton Woods, acabando con los tipos de cambio fijos y pasando a tener las monedas tipos de cambio flotantes sin que las mismas tuvieran un ancla que limitara, de algún modo, la cantidad de dinero en circulación.

La conjunción de ambas circunstancias está detrás del proceso inflacionista desatado a partir de 1973. Porque aunque su espoleta fue la subida de los precios del petróleo, dicha subida estuvo asociada a la fuerte presión que sobre la producción ejercía las medidas de impulso a la demanda que venían tanto desde el lado monetario como del fiscal (con el fuerte incremento de los déficits públicos). A raíz de ello (y tras un largo período de estanflación, es decir, de estancamiento económico y alza generalizada de precios), se impuso un nuevo modelo económico en que, frente a los rasgos keynesianos predominantes después de la II Guerra Mundial, se ponía énfasis en la reducción del papel del Estado en la economía, en un menor intervencionismo y en una mayor liberalización. En dicho proceso, cabe distinguir las siguientes etapas:

1ª.- 1973-1980.- En dichos años, los gobiernos tendieron a considerar que tanto la recesión como las elevadas alzas de precios eran circunstancias puramente coyunturales y adoptaron, en consecuencia, medidas que pretendían, simplemente, paliar los efectos negativos que se extendieron por todo el sistema económico. Se combinaron aumentos del déficit público y, en algunos casos, controles de precios y racionamiento de los combustibles para compensar el shock petrolífero pero las medidas fueron inútiles en la medida en que la crisis tenía una naturaleza estructural (como lo atestiguaba la caída del crecimiento de la productividad) que no se quería reconocer.

2ª.- 1980-1991.- Con la llegada al poder de Margaret Thatcher en el Reino Unido, de Ronald Reagan en Estados Unidos y el fracaso de las medidas intervencionistas y estatalistas en los dos primeros años de gobierno de François Mitterand en Francia, se dibujó el que podemos denominar “modelo neoliberal” en el que se combinaron las privatizaciones de empresas públicas, un mayor papel del mercado y un repliegue paralelo del poder gubernamental en la formación de las decisiones económicas, una disminución de la regulaciones existentes y una priorización en la lucha contra inflación en detrimento del combate contra el desempleo en cuanto a definición de objetivos de política económica. Al final, se consiguió contener las alzas descontroladas de precios, mejorar el estado de las finanzas públicas, recuperar la senda de crecimiento y, en consecuencia, reactivar la creación de empleo. Pero, si atendemos a las cifras de crecimiento de la productividad que antes hemos reflejado, esta variable no mejoró. Es decir, las economías occidentales se recuperaron no porque se resolviera el problema de fondo sino porque, en la medida en que no veían el problema de cómo resolverlo, optaron por mejorar la eficiencia del sistema, algo que, antes o después, iba a suponer un techo a la recuperación en el momento en que las medidas de mejora de la eficiencia agotaran sus efectos. Ese parón se produjo en 1991, cuando la economía estadounidense entró en recesión.

3ª- 1991-2000.- A raíz de la recesión de 1991 y la llegada del presidente Clinton al poder en Estados Unidos, el modelo se ajustó en dos elementos importantes y se benefició de una circunstancia inesperada que crearon un círculo virtuoso. Los dos elementos importantes de política económica fueron la intensificación de la apertura comercial a nivel mundial (lo que se conoció con el nombre de “globalización”) y la decidida relajación de la política monetaria con las sucesivas reducciones de tipos de interés. Ambos fenómenos estaban íntimamente asociados. En un contexto de menor crecimiento de la productividad, la expansión monetaria sostenida que empezó a producirse en este período hubiera llevado, antes o después, a un nuevo despegue de la inflación. Pero con la eliminación de las trabas a las transacciones económicas internacionales, muchos de los procesos de producción fueron llevados a países en vías de desarrollo con menores costes laborales (China es el caso paradigmático), de modo que la reducción de los precios de fabricación atemperaron cualquier tendencia inflacionista que estuviera latente. Aún mejor, la circunstancia inesperada a la que antes aludíamos vino igualmente en auxilio del control de  precios: la expansión de la informática, la introducción de internet y el desarrollo de la telefonía móvil permitieron incrementos de la productividad que también apagaron el fuego inflacionista que se estaba gestando. Por supuesto, el problema iba a surgir cuando ese desarrollo tecnológico se paralizara y ello ocurrió con el estallido de la llamada “burbuja puntocom”. Las expectativas de aumento de negocio de las empresas tecnológicas se demostraron irreales y ello condujo al desplome de la cotización de sus acciones en bolsa. Una nueva recesión se produjo con el cambio de milenio y, nuevamente, se dio un giro de tuerca para aliviar la situación pero, esta vez, los efectos iban a ser diferentes.

4ª.- 2000-2008.- Con la llegada de George W. Bush a la presidencia de los Estados Unidos y los atentados del 11-S, se combinaron una política monetaria más expansiva, un mayor déficit público (que vino tanto del lado de los aumentos de gasto militar en las guerras de Irak y Afganistán como de las reducciones de impuestos, aprobadas, en parte, para no generar descontento social como consecuencia de los conflictos bélicos iniciados) y una continuidad en el proceso globalizador. Nuevamente, dichas políticas no generaron subidas de inflación por las importaciones de bienes industriales desde los países en vías de desarrollo. Pero, en esta ocasión, no había incrementos de productividad que absorbiesen el impacto de las inyecciones monetarias, de modo que las mismas acabaron provocando una burbuja en el mercado inmobiliario, un crecimiento desmedido de los balances bancarios y un fuerte aumento del endeudamiento neto de las economías occidentales. Cuando dicho endeudamiento llegó a un techo insostenible en el año 2007, se frenaron y empezaron a darse de vuelta los precios en el mercado inmobiliario, se paralizó el crecimiento económico y, con ello, muchas operaciones crediticias de las entidades financieras empezaron a resultar fallidas, con el agravante de que las garantías aportadas habían entrado en un grave proceso de desvalorización.

Y en ese punto es en el que estamos desde 2007 y desde el que casi no hemos avanzado. Se han intentado medidas compensatorias de la recesión con nuevas inyecciones monetarias y políticas fiscales expansivas y las economías no se han recuperado. Cuando los mercados se han mostrado reacios a absorber nuevas emisiones de deuda pública, se han aplicado políticas de austeridad y ello sólo ha servido para agudizar la recesión. Sí es cierto que el saneamiento del sistema financiero que se llevó a cabo en Estados Unidos en el período 2008-2009 sirvió para que el sector en el que radicaba el núcleo de la crisis dejara de dar problemas y, de hecho, la economía estadounidense es una de las que mejores signos más favorables está evolucionando en su trayectoria. Pero no es menos verdad que el sistema financiero británico también fue saneado y la economía del país ha vuelto a entrar en recesión nuevamente. En relación a Alemania, ya hablaremos más detenidamente de su modelo cuando hablemos de la Unión Europea.

En resumen, existe un problema de volumen de deuda excesiva, que repercute en la capacidad de devolución de la misma y que, en consecuencia, genera problemas de solvencia en el sistema financiero, lo cual ha estrangulado al crédito. Y se ha llegado a ese elevado volumen de deuda porque se han aplicado políticas monetarias laxas con el fin de estimular a economías que no contaban con el impulso que podían proporcionar las ganancias de productividad del pasado. En nuestra próxima entrada, analizaremos cuáles son las perspectivas futuras.

 


domingo, 23 de junio de 2013

MATRI(HISPANI)X – Nº 11



En los últimos días, el Gobierno se ha lanzado a realizar declaraciones optimistas que vaticinan el final de la crisis económica. Así, el pasado 17 de junio, el Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro manifestó que “la evolución económica en términos intertrimestrales está tocando fondo y en el segundo trimestre ya estamos viendo una clara inflexión” (http://www.elconfidencial.com/economia/2013/06/17/montoro-adelanta-el-final-de-la-crisis-a-este-trimestre-gracias-a-la-reduccion-del-deficit-123193/). Igualmente, dijo que “la economía española está saliendo de la crisis que atraviesa ante la evolución positiva de la balanza por cuenta corriente, el acceso de las empresas españoles a los mercados internacionales y la previsión de tasas de inflación bajas desconocidas”. El pasado 19 de junio, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en la Asamblea de la OCDE pronunció un discurso en el que afirmó lo siguiente: “En los días más difíciles se puede llegar a pensar que las turbulencias que vivimos nos alejan de la ruta que hemos trazado (…). No es así. Sabíamos que llegarían, porque las turbulencias forman parte inevitable de la salida de la crisis. Ahora lo que toca es superarlas. Estamos en el buen camino para hacerlo, nada nos apartará de él y vamos a cumplir con esa decisión hasta el final” (http://www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/discursos/2012/prdi20120625).

Es evidente que los datos económicos apuntan a que la recesión económica se está suavizando pero, ¿existen, al mismo tiempo, síntomas sólidos de recuperación? Vamos a empezar con los últimos datos de la Contabilidad Nacional, correspondientes al primer trimestre de 2013:





Fuente: INE

Aunque es verdad que las tasas negativas de variación del PIB se están moderando, no es menos cierto que desde finales de 2011 no se registra un crecimiento positivo y que tampoco se detecta en el perfil del ciclo el inicio de una senda de recuperación consistente. Si vemos el desglose de la tasa de variación del PIB entre demanda interna y demanda externa, entenderemos dónde radica la debilidad de la posible nueva fase alcista:



 Fuente: INE


Se aprecia fácilmente que sólo la demanda externa aporta un componente positivo al PIB mientras que la demanda interna no hace más que presentar tasas negativas desde principios de 2010 sin que se detecten indicios de mejora.

Vayamos ahora a los datos sectoriales. Empecemos por la industria. A continuación, veamos el comportamiento del Índice general de cifra de negocios en la industria (cuyo último dato es de abril de 2013):



 Fuente: INE


Si vemos la serie desestacionalizada, corregida de efectos de calendario (línea marrón), la tasa de variación fue negativa en un 3% en abril de 2013 frente a un 1,7% en marzo. Es decir, el perfil recesivo en la industria se ha acentuado, lo cual agrava el hecho de que desde noviembre de 2011 sólo ha habido dos meses (diciembre de 2011 y agosto de 2012) con tasas de variación positivas. Vayamos al sector servicios. El último dato del Índice general de cifra de negocios del Sector Servicios de Mercado también es de abril de 2013:




Fuente: INE


En este caso, la senda de la serie desestacionalizada sí que experimenta una mejoría en abril de 2013 pero la caída sigue siendo aún del 3,3%, demasiado acusada teniendo en cuenta que, desde abril de 2011, sólo ha habido tres meses con crecimiento positivo (abril de 2011, julio de 2011 y agosto de 2011).

En relación al empleo, los datos de la última Encuesta de Población Activa, publicados el pasado 25 de abril, tampoco invitan al optimismo. Veamos cómo ha evolucionado el nivel de ocupados:




 Fuente: INE


En el primer trimestre de 2013, el número de ocupados seguía descendiendo a una tasa del 4,58%, sin que dicha tasa se haya apenas moderado a lo largo del último año. Veamos los datos de parados:



 Fuente: INE


El número de parados todavía aumentó a tasas del 9,99%, de modo que la cifra total ascendió a 6.202.700 personas.

Si acudimos a los Índices de Confianza (que son indicadores adelantados, es decir, anticipan tendencias), tampoco son especialmente boyantes. Empecemos por el Índice de Confianza del Consumidor, que publica el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Los últimos datos son del 31 de mayo de 2013:





Fuente: CIS


La senda tanto del índice medio como del referido a la situación actual como del correspondiente a las expectativas futuras manifiestan un estancamiento que no presagian el inicio de una fase alcista en el ciclo. Vayamos, finalmente, al Índice de Confianza Empresarial, publicado por las Cámaras de Comercio y cuyo último dato corresponde al primer trimestre de 2012, y vamos a centrarnos en tres aspectos: facturación, empleo e inversión:








Es fácil observar que tampoco han experimentado señales especiales de mejora. Por todo ello, cabe concluir que las campanas al vuelo que ha lanzado el Gobierno no parecen sustentarse en ningún dato solido. El optimismo es positivo pero es una actitud que hay que acompañarla de una acción decidida porque, si no, no pasa de ser un mero brindis al sol. Más que anunciar el fin de la crisis, parece que estos mensajes no son más que un peligroso signo de autocomplacencia.



domingo, 16 de junio de 2013

MATRI(HISPANI)X – Nº 10



El pasado 31 de mayo, en www.libertaddigital.com, Manuel Llamas publicó un artículo en el que argumentaba que diez de los “mitos” existentes sobre las participaciones preferentes son falsos (http://www.libremercado.com/2013-05-31/diez-grandes-mitos-sobre-el-presunto-fraude-de-las-preferentes-1276491649/). Esos “mitos” eran que las preferentes eran un producto nuevo, que eran activos problemáticos por definición, que las entidades las vendieron ex profeso para engañar, que su emisión era ilegal, que su comercialización fue irregular, que los reguladores no advirtieron de los riesgos, que los reguladores no supervisaron su venta, que las entidades no informaron correctamente, que las entidades no advirtieron de los riesgos y que las entidades recomendaron comprar preferentes. Eso sí, el autor del artículo se cura en salud e indica que muchos afectados alegaron que habían recibido una “recomendación verbal” del personal de las entidades pero que, claro está, no hay acreditación documental de tal hecho.

Yo, que he trabajado durante más de 11 años en el sector financiero, me quedé sorprendido por muchas de las afirmaciones que se hacen en el artículo para justificar el punto de vista que se defiende pero conviene explicarlo poco a poco. Ante todo, resumir el juicio público que se ha extendido sobre las preferentes en los ocho “mitos” de los que el artículo habla es tomar el rábano por las hojas. La clave real de la cuestión es si las entidades, ante la necesidad de conseguir recursos propios que permitieran compensar los quebrantos causados por la creciente morosidad en sus operaciones de préstamo, tendieron a rebajar o no el nivel de información suministrado a sus clientes para lograr que los mismos suscribieran más fácilmente unos productos financieros que tenían riesgos de los cuales no eran conscientes.

El artículo afirma que ello no fue así y sus argumentos se resumen, en realidad, cuatro aspectos diferentes:

A.- No se trataba de un producto financiero nuevo y sus emisiones fueron legales.- Ello, en realidad, no afecta al núcleo de la cuestión principal. Evidentemente, el problema no es si eran productos novedosos o si fueron emitidos legalmente, sino cómo se informó a los clientes de las características de dichos productos. Mientras las entidades no tuvieron problemas de rentabilidad o solvencia, las participaciones preferentes pagaron sus intereses y pudieron ser transmitidas sin ningún inconveniente. Por tanto, que hasta 2008 no sucediera nada digno de mención era normal y no puede utilizarse como prueba. Sólo a partir del momento que estallara la crisis bancaria podía apreciarse si los clientes fueron bien informados o no.

B.- Que no eran activos problemáticos por definición.- Evidentemente, si las entidades no incurrían en pérdidas o no entraban en situación de insolvencia, las participaciones preferentes no iban a dar problemas. El núcleo de la cuestión, repito, es si ello fue comunicado de modo preciso a los clientes que contrataron dichas participaciones.

C.- El papel del regulador (la Comisión Nacional del Mercado de Valores) fue diligente en todo momento.- Según el artículo, la CNMV emitió fichas didácticas, dictó recomendaciones a las entidades y emitió una guía para el sector. La cuestión, obvia, es: ¿cuántos clientes tienen acceso a la información de la CNMV? A mí, este argumento me parece igual que si alguien ve a una persona amarrada a las vías del ferrocarril, llama a la policía para avisar de la circunstancia y se va tranquilamente a su casa porque en seis horas no hay previsto que pase por allí ningún tren. 

D.- El papel de las entidades fue la transmisión transparente de las características de los productos a los clientes que los contrataron.- Aquí se halla la clave de todo el asunto y, para argumentar que las entidades actuaron correctamente, se alega que las entidades realizaron los correspondientes “análisis de conveniencia” a cada cliente (a los cuales obligan la llamada Directiva MiFiD) y que, si a pesar de que los mismos establecían que el producto no era el adecuado para el perfil del cliente, era decisión de este su contratació o no; igualmente, se indica que en los trípticos informativos que se debían entregar obligatoriamente se relacionaban pormenorizadamente los riesgos asumidos con la inversión en participaciones preferentes; finalmente, se recoge la afirmación de las entidades que, con carácter mayoritario, la iniciativa de suscripción de las emisiones partió de los propios clientes y no de las respectivas entidades. Como hemos dicho al principio, el elemento clave es que la mayoría de los clientes manifiesta que se efectuó la compra porque hubo una recomendación verbal previa desde las sucursales dar tal paso.

Como verán, al final estamos ante dos afirmaciones opuestas sobre las que no existe documento acreditativo: o nos creemos lo que dicen las entidades o nos creemos lo que dicen los clientes. Veamos, a continuación, un cuadro, que aparece en el mismo artículo, y que detalla las emisiones de participaciones preferentes por parte de las entidades desde 1998:







Reparemos en que 2009 y en 2011 fueron los años en que se produjeron las emisiones record (con 21.643 y 12.649 millones de euros, respectivamente). De hecho, las emisiones de 2009 más que doblan el importe máximo anterior, que se produjo en 2004 (10.066 millones de euros). Llama la atención que, cuando los riesgos potenciales que afectaban a las participaciones preferentes (que las entidades incurrieran en pérdidas o que su solvencia estuviera en peligro) estaban en todo su apogeo, el presunto “apetito inversor” de los clientes se disparara hasta el punto que se suscribieran emisiones cuya cuantía era un 100% superior al record anterior, el cual tuvo lugar en un momento en el que no había preocupación sobre las entidades financieras. Sin embargo, tras un hecho tan impactante como fue la quiebra de Lehman Brothers, resulta que todos los clientes de, sobre todo, cajas de ahorros, que se caracterizan, básicamente, por su aversión al riesgo (dado que, en su mayoría, son personas de recursos relativamente limitados y que se encuentran en el segmento de renta medio-bajo), se lancen a adquirir este tipo de producto. Cuesta trabajo creer que ello no se consiguiera con una acción comercial decidida por parte de las entidades. Sólo ello explica que, por ejemplo, en una localidad como Mataró, uno de cada veinte habitantes tuviera sus ahorros en preferentes (http://www.elconfidencial.com/economia/2013/03/17/bienvenidos-a-mataro-capital-mundial-de-las-preferentes-117069/). Sólo la labor proactiva de, en este caso, la Caixa Laietana, hizo posible tal circunstancia.

A mayor abundamiento, veamos lo que una empleada de Bankia dice en relación a la comercialización del producto, según se recoge en una noticia publicada en www.elmundo.es el 7 de junio de 2013. En primer lugar, es curioso que contradiga lo que el artículo de Manuel Llamas dice. Si en el mismo, se dice que las autoridades (la CNMV, en particular) explicaron todos los riesgos existentes, la empleada (que guarda su anonimato) afirma: “Ni la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ni el Ministerio de Economía ni el Banco de España dijeron nunca nada (el subrayado es nuestro). Era un producto que estaba autorizado. Si pensaban que era peligroso, ¿por qué dejaron que se comercializara? Las preferentes tenían todas las bendiciones del cielo (el subrayado vuelve a ser nuestro) y ahora parece que nos las hemos inventado cuatro empleados de caja”. Es decir, parece que los empleados no tenían mucha noticia de las advertencias realizadas por la CNMV. ¿Podían haberlas tenido los clientes? Pero aún hay más. La empleada dice que ella, personalmente, no engaño a nadie y que “nunca tuvimos sensación de que se corriese ningún peligro” (nuevamente, las advertencias de la CNMV parece que no tuvieron mucha repercusión ni tan siquiera en el personal de las entidades) y que “lo único que explicábamos a los clientes era que el riesgo podía ser la quiebra de Cajamadrid y a nosotros ni se nos pasaba por la cabeza que la caja pudiese quebrar”. Lo que ocurre es que SÍ había otro riesgo: que la entidad no tuviese beneficios y que, entonces, los intereses de las participaciones no fueran abonados. En ese contexto, ¿es verosímil que los clientes acudieran en avalancha a las sucursales a adquirir este producto?


Pero es que, además, dada la situación desequilibrada entre entidades y clientes a favor de las primeras, la mera firma de los contratos ha de ser relativizada. En España, ya la Ley de Consumidores de Usuarios de 1984 (http://www.usuariosteleco.es/OtrosServicios/Normativa/General%20de%20Defensa%20de%20los%20Consumidores%20y%20Usuarios/Ley261984.pdf) que regulaba las condiciones generales de contratación (y recogiendo el espíritu de la regulación de las mismas realizada por el Código Civil italiano de 1942 y la Ley Fundamental alemana de 1949) ya estableció que, cuando existía una posición dominante de una empresa en relación a sus clientes y  usuarios, las cláusulas abusivas se tendrían, simplemente, por no puestas. Evidentemente, dadas las particularidades de los productos financieros, ello no es tan sencillo (ya que los recursos se han invertido en unos productos concretos y lo único que se puede hacer es compensar al cliente pero no anular, de la noche a la mañana, las características de esos productos). Sin embargo, por un lado, sí que se ha demostrado que ha habido casos en que el desconocimiento de los clientes era obvio y, por otro, cuando los casos han llegado a los tribunales, los mismos han resuelto los casos atendiendo al hecho del desequilibrio de posición entre cliente y entidad. A saber:


·         el 8 de junio de 2012, www.elconfidencial.com recogía la noticia de que Novacaixagalicia había “colocado” preferentes a analfabetos que habían firmado con la huella dactilar (http://www.elconfidencial.com/economia/2012/06/08/caixanova-coloco-preferentes-a-analfabetos-que-firmaron-con-su-huella-dactilar-99633/);
·          el 2 de abril de 2013 se publicaba que un juzgado obligaba a Bankia devolver 100.000 euros a un preferentista al que no dio suficiente información (http://vozpopuli.com/empresas/23489-un-juzgado-obliga-a-bankia-a-devolver-100-000-euros-a-un-preferentista-al-que-no-dio-suficiente-informacion);
·         el 24 de abril de 2013 se publicaba un artículo en www.vozpopuli.com en el que se decía que “Bankia gana en los tribunales el 40% de las reclamaciones por preferentes”, es decir, que pierde un 60% (http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/24511-bankia-gana-en-los-tribunales-el-40-de-las-reclamaciones-por-preferentes);
·         el 1 de junio de 2013, también en www.vozpopuli.com, se publicaba que un juez obligaba a Novacaixagalicia a devolver 549.000 euros a un preferentista (http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/26084-un-juez-obliga-a-novagalicia-a-devolver-549-000-euros-a-un-preferentista-la-mayor-cuantia-hasta-la-fecha);
·         el 2 de junio de 2013, www.elmundo.es recogía la noticia de que habían condenado a Bankia por engañar a una anciana para cambiar sus preferentes por acciones (http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/02/valencia/1370173113.html);
·         el 5 de junio de 2013, www.elconfidencial.com recogía que, por primera vez, la Audiencia Nacional imputaba a un director de sucursal por la venta de preferentes (http://www.elconfidencial.com/economia/2013/06/05/la-an-imputa-por-primera-vez-al-director-de-una-sucursal-bancaria-que-vendio-preferentes-122453/);
·         el 12 de junio de 2013, también www.elconfidencial.com publicaba que la Audiencia Nacional iba a investigar al Consejo de Administración de Bankia por el diseño y lanzamiento de participaciones preferentes (http://www.elconfidencial.com/economia/2013/06/12/la-audiencia-nacional-investigara-a-blesa-y-a-seis-exconsejeros-por-las-preferentes-122896/);
·         por último (aunque podría poner más ejemplos), www.vozpopuli.com recogía la noticia de que dos sentencias obligaban a Novacaixagalicia a devolver más de 100.000 euros de preferentes (http://www.vozpopuli.com/economia-y-finanzas/26686-dos-sentencias-obligan-a-ncg-a-devolver-mas-de-100-000-euros-de-preferentes).

Como ven, hay suficientes pruebas de casos en los que la información suministrada fue deficiente.

Hasta aquí, los hechos. Ahora, les voy a dar mi opinión (y recalco el hecho de que es mi opinión). En base a mi experiencia (como he dicho antes, de 11 años en el sector financiero) y conociendo el perfil mayoritario de los clientes de las cajas de ahorros (con una acusada aversión al riesgo) no pudieron venderse casi 40.000 millones de euros en el período 2009-2011 (es decir, casi el 4% del PIB) sin haber informado a los suscriptores minusvalorando los riesgos implicados. Eso no significa que el 100% de los clientes no fueran conscientes de los peligros pero sí que una gran mayoría de ellos no lo eran.

El montar unos fuegos de artificio verbales para enmascarar la realidad no sirve para ocultar lo evidente. Lo siento.