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viernes, 7 de marzo de 2014

EL CAMBIO TECNOLÓGICO: LA MADRE DE TODOS LOS CRECIMIENTOS (y III)



Concluíamos nuestra anterior entrada con la afirmación de que, sin cambio tecnológico, los niveles de vida tienden a estancarse.

Reiteradamente, hemos aludido a los datos que muestran como el progreso tecnológico se ha ido desacelerando en las últimas décadas, fenómeno que es el que explica, en última instancia, la mayoría de los problemas por los que han pasado las economías occidentales en las últimas décadas.

Así, según datos aportados por Paul Krugman en su libro Vendiendo prosperidad (1994, publicado en España por la Editorial Ariel), en Estados Unidos “desde finales del siglo XIX hasta la II Guerra Mundial, la productividad creció, en promedio, alrededor de un 1,8% al año, lo suficiente para duplicar aproximadamente los niveles de vida cada cuarenta años. Desde la II Guerra Mundial hasta 1973, el crecimiento medio fue mayor, un 2,8% anual, lo suficiente para duplicar los niveles de vida cada veinticinco años. Desde 1973, la productividad creció, en promedio, menos de un 1% al año, ritmo que tardaría ochenta años en lograr el aumento del nivel de vida que se registró en menos de una generación después de la II Guerra Mundial”. Hay que indicar, no obstante, que, desde 1973, el comportamiento de la productividad no ha sido homogéneo. Según datos de la misma obra, en el período 1979-1989 el crecimiento de la productividad por asalariado fue sólo del 0,8% al año. Según un documento del Servicio de Estudios del BBVA, elaborado por Jorge Sicilia, en el período 1995-2005, la productividad volvió a crecer a tasas cercanas al 3%, manifestándose nuevamente una desaceleración en 2006, con un crecimiento de sólo el 1,5%. Con independencia de los matices indicados, es importante que nos quedemos con la tendencia patente de reducción del crecimiento de la “Productividad Total de los Factores” (PTF).

sábado, 1 de marzo de 2014

EL CAMBIO TECNOLÓGICO: LA MADRE DE TODOS LOS CRECIMIENTOS (II)


En nuestra entrada anterior, comentamos cómo la paralización que había experimentado el cambio tecnológico y el subsiguiente freno que ello había supuesto para el crecimiento de la productividad y del nivel de vida. Sin embargo, hay que puntualizar a qué nos referimos cuando hablamos de productividad. Para ello, vamos a partir del concepto de función de producción.

La función de producción representa qué niveles de producción se obtienen con la aplicación de distintos niveles de factores de producción. En el siguiente gráfico, consideramos que los dos factores de producción considerados son capital (en el sentido de activos físicos), representado por la letra K, y el trabajo, representado por la letra L. Con aplicaciones crecientes de factores, la producción sube hasta un punto máximo. A partir del mismo, debido a la ley de rendimientos decrecientes, nuevas adiciones bien de capital bien de trabajo ya no dan lugar a aumentos de producción sino a disminuciones.