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viernes, 21 de noviembre de 2014

SECTOR PÚBLICO: TEORÍA Y PRÁCTICA (XIII)




En nuestro recorrido por la evolución del sector público, hemos llegado al paradigma dominante en el momento actual que, por comodidad, vamos a llamarlo “paradigma neoliberal”, en la medida en que se aparta del keynesianismo previo y adopta la visión liberal como directriz de sus actuaciones. Cuando desarrollemos nuestras explicaciones, veremos que hay contradicciones importantes en la aplicación efectiva del paradigma pero, de momento, lo que toca es comprender las razones básicas de su nacimiento y los éxitos iniciales que supuso su implantación.

E.- PARADIGMA NEOLIBERAL (1981-?).- Como vimos al terminar de exponer el paradigma keynesiano, este acabó por generar un impulso a la demanda agregada que provocó, cuando empezaron a descender los aumentos de productividad, desequilibrios en todo el sistema económico, que se resumieron en un alza descontrolada de la inflación. Por ello, para poner remedio a estos problemas, los argumentos que se expusieron tenían dos vertientes distintas pero complementarias:

- Por un lado, al amparo de las ideas del monetarismo y de la Escuela Austríaca, se situó la estabilidad de precios como principal objetivo de la política económica, por encima de la lucha contra el desempleo.

- Por otro lado, al amparo también de las ideas de la Escuela Austríaca y las de la Economía de la Oferta, se consideró que era el excesivo intervencionismo público las causas de la desaceleración económica y de la caída de la productividad que estaban teniendo lugar, de modo que el menor peso del sector público conseguido a través de reducciones de impuestos, la privatización de empresas públicas y la desregulación de amplios sectores productivos pasaron a ser los criterios orientadores en las políticas económicas de los países occidentales.

domingo, 2 de noviembre de 2014

SECTOR PÚBLICO: TEORÍA Y PRÁCTICA (XII)





En las anteriores entradas, hemos visto cómo los elementos que configuraron el paradigma keynesiano estimularon una mayor intervención del sector público y una combinación de políticas que tendían a impulsar la demanda agregada mediante una expansión tanto fiscal como monetaria. Igualmente, las políticas de redistribución de la renta también ayudaron a impulsar la demanda, en la medida en que mejoraron los niveles de ingresos de los segmentos con menor renta, los cuales tienen mayor propensión al consumo que al ahorro. En suma, todas estas políticas ayudaron a impulsar el crecimiento pero, en última instancia, ello dependió de unas circunstancias económicas favorables.

Habría que decir, más bien, que la circunstancia favorable era una y fundamental: el importante crecimiento de la productividad que tuvo lugar tras la finalización de la Ii Guerra Mundial con la incorporación al sistema económico de importantes avances técnicos centrados en la utilización masiva de la electricidad y los derivados del petróleo, el crecimiento de medios de transporte novedosos como el automóvil y el transporte aéreo y la automatización intensiva de los procesos de producción.

Mientras los crecimientos de productividad se mantuvieron, la expansión de la demanda no sólo era perjudicial sino que ayudaba a sostener elevadas tasas de crecimiento. El problema surgió cuando esos aumentos de la productividad empezaron a debilitarse. Ya vimos en anteriores entradas (por ejemplo: http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2011/09/rio-arriba-o-cual-es-el-origen-de.html) la magnitud de la caída que afectó tanto a Estados Unidos como a Europa y que el concepto relevante era la denominada “Productividad total de los factores” (http://eldedoeneldato.blogspot.com.es/2014/03/el-cambio-tecnologico-la-madre-de-todos.html).