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sábado, 20 de diciembre de 2014

SECTOR PÚBLICO: TEORÍA Y PRÁCTICA (XV)






A lo largo de las sucesivas entradas de esta serie, hay tres ideas que deben estar, más o menos, claras en relación a la intervención del sector público en la economía:

1.- La primera, que, a pesar de los esfuerzos teóricos por desarrollar doctrinas coherentes y racionales, la política económica real siempre se acaba desvirtuando por una mezcla de intereses que tienden a instrumentalizar en beneficio propio las medidas gubernamentales, de tentaciones ideológicas, de incompetencia gestora y de simple asunción de la creencia de que lo que ha funcionado bien en un momento dado puede funcionar bien indefinidamente aunque las circunstancias hayan cambiado. Al final, la política económica presenta una tendencia, quizás inevitable, de alejarse de la senda sensata y acabar exacerbando sus defectos y minimizar sus virtudes.

2.- La segunda, que el contexto de la economía real y el marco institucional en que se desenvuelve la acción de los gobiernos limitan la capacidad de estos para aplicar con éxito las políticas económicas que han diseñado. En muchas ocasiones, el abanico de posibilidades con que los políticos cuentas para aprobar medidas eficaces es bastante limitado y, por ello, lo conveniente es alejarse de cualquier tentación de voluntarismo, de demagogia o de populismo iluminado porque, cuando ello no se evita, los resultados económicos suelen ser desastrosos.

3.- Finalmente, como consecuencia de los dos puntos anteriores, la actuación del sector público puede ser funcional en relación al modelo de desarrollo económico existente y, sin embargo, puede dejar de serlo y convertirse inopinadamente en un obstáculo para que dicho desarrollo económico se mantenga o se reanude. La conciencia de dicha circunstancia nunca es inmediata y, por tanto, puede haber largos períodos de tiempo en que la actuación de los gobiernos no sólo no ayude a la recuperación económica sino que puede acabar siendo un lastre para que la misma acabe teniendo lugar.

sábado, 6 de diciembre de 2014

SECTOR PÚBLICO: TEORÍA Y PRÁCTICA (XIV)







Las nociones de qué es el paradigma neoliberal son fáciles de comprender porque son las que han impregnado, en gran medida, las políticas económicas de los países occidentales en las últimas tres décadas.

Así, desde el punto de vista de la asignación de recursos y el desarrollo económico, prima la confianza en el libre mercado como el mecanismo más eficiente para dirigir la producción de bienes y servicios de forma que las tendencias dominantes son la desregulación, la privatización de empresas públicas, la limitación de la progresividad de los impuestos sobre la renta y, en general, los intentos de reducir de forma permanente la presión fiscal (en el caso del paradigma keynesiano, la disminución de la presión fiscal tenía un carácter marcadamente coyuntural, con la finalidad de superar posibles situaciones de recesión económica). En general, se ha intentado frenar el peso del sector público en la economía, optando por fórmulas de promoción del sector privado en áreas como la educación y la sanidad. 

En relación a las políticas de estabilización, se desconfía de la utilización del déficit público como arma para luchar contra el desempleo, poniendo todo el énfasis en el manejo de la política monetaria, siendo prioritario el objetivo de moderación del nivel de precios y control de la inflación.

Finalmente, las políticas de redistribución de la renta son puestas en entredicho, en consonancia con la confianza en el libre mercado como medio para determinar precios, salarios y nivel de beneficios empresariales.